domingo, 24 de abril de 2011

El problema de la felicidad en Ayn Rand




Ayn Rand - A Sense of Life (Director's Vision Edition)

Hoy me gustaría comentar brevemente un estupendo documental biográfico sobre la vida de la filósofa y escritora de ensayo y ficción Ayn Rand (Ayn Rand: A Sense of Life). El video que he colgado en esta entrada es el primero de una serie de fragmentos en Youtube, para aquellos que quieran verlo entero. Está en inglés sin subtítulos, lo siento por los que no entiendan la lengua adoptiva en la que tan bien se desenvolvió Rand. El documental recorre la evolución de la vida y obra de Ayn Rand de un modo exhaustivo y claro, exponiendo las bases del pensamiento de la norteamericana de origen ruso.

Desde su infancia y formación en la Rusia Zarista, pasando por su adolescencia bajo la bota de bolchevismo, hasta su escapatoria a los Estados Unidos y sus trabajos en la industria del cine, el teatro, la novela y el ensayo, el film cubre todos los tópicos de su vida, incluido su affaire amoroso extramatrimonial con Nathaniel Branden. Sobre esta cuestión el actual albacea intelectual de Rand, Leonard Peikoff, pasa algo de puntillas, pese a ser una relación que ocupó 15 años de la vida de Rand. Para más información sobre este affaire y sus contrastes claro-oscuros al respecto, siempre desde una perspectiva libertaria, recomiendo profuso e independiente libro de Brian Doherty, Radicals for Capitalism: A Freewheeling History of the Modern American Libertarian Movement

Pero con todo, es un buen film, muy bien documentado con todo el material gráfico disponible sobre la vida de la escritora. De hecho, el director Michael Paxton los usó para publicar una biografía en forma de libro (Ayn Rand: A Sense of Place) que no he leído, pero que invita a la lectura.

Una pregunta me ha dejado rondando la cabeza, tras la visión del video. Ayn Rand no resolvió el problema de la felicidad. Sin duda fue feliz y se sintió realizada por momentos a lo largo de su vida, pero su apego a sus ideas egocéntricas la hizo sufrir terriblemente: en su separación de sus familiares rusos, en sus primeras dificultades y relativos fracasos profesionales, en sus decepciones amorosas o de amistad, en sus relaciones profesionales a la hora de adaptar sus argumentos al teatro o al cine, a la hora de separarse de su marido, cuya muerte que le costó una depresión de la que no se recuperó. Para mi, el gran descubrimiento de este documental ha sido el personaje del marido, Frank O'Connor, el segundo en la sombra, fiel apoyo material y psicológico de Rand a lo largo de toda su vida como esposos, el consentidor paciente de los devaneos amorosos de ella. Extraño, por una vez se puede decir que detrás de esta excepcional mujer hubo un gran hombre.

El descubrimiento de la falsedad intrínseca del colectivo -bien el misticismo religioso ruso, bien el misticismo materialista soviético- la empujó a desarrollar una especie de materialismo individualista, racionalista, de bases aristotélicas, desarrollado mediante la razón a partir de una premisa principal: el ego, o el egocentrismo. Aunque no tuvo tiempo de desplegar de modo sistemático todo su sistema filosófico, en buena medida quedó reflejado en los caracteres un tanto hierarquicos de sus novelas. Pareciera que en términos estéticos hubiera usado el idealismo romántico del realismo soviético aplicado al ideal del individuo triunfante en la sociedad capitalista.

Con todas las prevenciones posibles, en plano filosófico-psicológico, no en el religioso, místico o ritual, los budistas se acercan más al descubrimiento, descripción y control de los mecanismos de la felicidad que el objetivismo. Pese a que Ayn Rand abominara del altruismo, de aquella negación autoinflingida de la autoestima que permite los abusos colectivistas, creo que hay un altruismo que no es condenable, un altruismo egocéntrico si se quiere, y es aquel en el que la generosidad ofrecida a los otros te hace feliz.

      Puede que por esta razón esta escritora sufriera terriblemente en su vida. Sus apegos a este egocentrismo la cegó para poder ser más feliz de lo que lo fue en vida. Me temo que mi contacto personal con el budismo me impide una completa adherencia a los principios del objetivismo randiano, pese a que me considere un racionalista escéptico nada partidario de misticismos colectivos o religiosos. No hay principios filosóficos verdaderamente válidos si estos te causan sufrimiento y te cuestan continuos conflictos con los demás y por tanto, la claridad mental, la calma y la felicidad. De los dos miembros del matrimonio, ella fue más exitosa, pero creo que él fue más feliz. La colectividad puede que sea una quimera y no exista. Pero en última instancia, diría un budista, el ego tampoco.

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