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lunes, 7 de diciembre de 2009

Mi respuesta a Isaac Rosa es la autogestión editorial

Estimado Isaac Rosa:

Te escribo esto en respuesta a tu artículo "Para puertas, el campo" aparecido en Público del 4 de diciembre de 2009.

A ver si te he entendido bien. Es decir, que si de pronto surgieran bibliotecas privadas que se lucraran dando un servicio que compitiera con la biblioteca pública, ¿no dejarías que allí se prestaran tus libros? Te hacía más comunista Isaac...

Y por qué no piensas esto: Si yo me descargo una de tus novelas de la red y la leo gratis en mi lector digital o pantalla, y me gusta tu estilo e ideas, puede que en un futuro esté dispuesto a comprar contenidos producidos por ti. A medio y largo plazo no vas a perder dinero, porque vas a ganar lectores-clientes de tu obra. Te explico.


Internet ha cambiado todo en la producción de contenidos culturales, ya lo sabes. Esto no tiene vuelta a atrás. Hay que reinventar la edición y la forma de que los autores cobren. Propongo que los autores busquemos formas de autogestión y autoedición. Aprendamos de experiencias de autores músicos como Vetusta Morla o Radiohead. A lo Juan Palomo, yo me lo guiso, yo me lo como. Autogestión es la solución, esto es, anarco-capitalismo. O liberalismo libertario, como quieras verlo. La libertad es conseguir ser eficientes y lucrativas empresas de uno solo. Sin jefes, ni subordinados, ni intermediarios. Del autor al lector, directamente.

Mi consejo es que la próxima novela procures editarla en formato electrónico y que la pongas a la venta por un precio asequible en tu propia web, con tu propio sistema de cobro electrónico. No cedas tus derechos de autor y de explotación comercial on line a la editorial analógica. Explota tus derechos de autor sin intermediarios. Atrévete a ser tú el dueño de tus medios de producción. Eso es lo verdaderamente revolucionario.

Como me he descargado una copia "pirata" de tus novelas, y me ha gustado, quiero leer más de lo que escribes, y lo quiero en formato electrónico. En mi apartamento no caben más libros, pero en mi ordenador o eReader, sí. Yo sería de los que estarían dispuestos a pagarte gustosamente hasta 5 euros por tu próxima novela colgada en la red. ¿Cuánto te llevarías tú de esos 5 euros descontados los gastos de corrección de pruebas, diseño, maquetación, publicidad y mantenimiento web? ¿4 euros? Un 80% de los beneficios es bastante... ¿Cuánto ganas de cada libro en papel que vendes? Estoy seguro de que bastante poco. Todo el grueso del beneficio se lo lleva el pirata del editor y los corsarios intermediarios como FNAC, La Casa del Libro y el Corte Inglés. Mi propuesta es que reventemos el mercado cultural oligopólico. Seguro que ya sabes que Barnes & Noble está cerrando sucursales. Sigamos valientemente en esa línea. Ni la literatura ni la música van a desaparecer porque desaparezcan los oligopolios de la industria cultural. Al revés, si caen los gigantes, va a haber más espacio para las pequeñas editoriales independientes y para la autogestión editorial de los autores. Me parece genial que el sector sufra una reconversión industrial brutal. Que dejen de talarse árboles y que la industria papelera deje de contaminar me parece estupendo. Un nuevo mundo, más libre, está surgiendo. Ya te digo, soy un poco anarco-capitalista o liberal libertario.

Además, piensa que cualquier lector en el mundo podría querer comprar tu novela en cualquier parte del globo. ¿Se publican y distribuyen tus libros en Chile, por poner un ejemplo? ¿Cuántos lectores-compradores on line podrías conseguir en una ciudad de provincias chilena, allí en donde no llegan los libros editados en España o si se distribuyen son demasiado caros? Yo he vivido algunos años fuera de España y por leer un buen libro español o lo último publicado en España, habría pagado con gusto los 5 euros que costara tu última novela descargada de la red. Por cierto, mejor si es en formato ePub sin DRM (Digital Right Management), no en PDF.

¿Ganarías o perderías con la red? Creo que no se trata de ver en la red un enemigo, si no una oportunidad de negocio. Atrévete a ser el dueño de tus medios de producción intelectual. Ya tienes un nombre conocido, público. Esto es, tienes una marca personal en el mercado, tu propio nombre, el autor Isaac Rosa. Puedes ser pionero en España. En fin, es para pensárselo. Yo te animo a ser revolucionario de verdad.

Y para que veas que esto es así, a cambio de haber pirateado una de tus novelas y de haberte leído de valde en la web de Público, te regalo completamente gratis esta idea. Cualquier agente literario o consultor editorial te habría cobrado una pasta por decirte esto mismo. Yo no, soy así de generoso, siento que te lo debo por piratear alguno de tus libros, que son muy buenos. Además quiero dejar constancia de mi admiración por tu obra en esta entrada de mi blog, novelas que recomiendo a todo aquel que quiera ver un enfoque narrativo novedoso sobre la historia de la Transición a la "democracia" en España. Eres un novelista cojonudo y un columnista casi siempre acertado. Por eso recomiendo a todo el mundo leer tus libros y, si es posible, comprarlos. Yo, con toda seguridad, lo haré. De nada.

Un saludo cordial,

Manuel Pulido Mendoza

domingo, 22 de noviembre de 2009

En Grand Central Station me senté y lloré, Elizabeth Smart

Elizabeth Smart, En Gran Central Station me senté y lloré. Cáceres: Periférica: 2006. (Largo Recorrido, 1). 155 pp. 17,50 €.


"A las brujas las quemaron en la hoguera, en toda Nueva Inglaterra, sólo por culpa del amor, sólo porque llevaban el aura del deseo satisfecho." Elizabeth Smart


Seguí el consejo del amigo Julián Rodríguez y acabo de terminar la extraña novela de Elizabeth Smart En Gran Central Station me senté y lloré, publicada en la cacereña Editorial Periférica.
Lo que primero llama la atención de este libro es su distinguido aliento poético y la excelente traducción y edición de Laura Freixas, quien completa la novela con un epílogo de referencias literarias y aclaraciones muy útiles en este volumen de rica intertextualidad. Partiendo de la referencia del título, trasunto de un salmo bíblico, toda la novela se sirve de la profusa tradición literaria anglosajona para relatar la pasión de un corazón atrapado en las trincheras de la cotidianidad y los convencionalismos sociales.

Publicada en 1945, la conexión vagamente autobiográfica del relato se mueve con la Segunda Guerra Mundial como transfondo histórico. De este contexto toma el tono épico y dramático con el que se relata esta pasión abrasada y abrasadora de una amante abandonada por un hombre casado con otra. Por su rebeldía contra los convencionalismos sociales, culturales, de género, de clase, colectivistas, y su rabiosa defensa de la individualidad con la que se revela la intimidad neurórica y obsesiva de la autora, se puede calificar de libro beatnik avant la lettre.

Dos fuentes principales parecen nutrir la estética de esta escritora: tradición y vanguardia. Por un lado, la tradición simbolista, romántica e isabelina que tan bien ha sabido rastrear Freixas en sus notas. Por otro, el conflicto generacional e histórico que suponía el cambio de una moral hipócrita por otra más sincera con los cuerpos y los deseos, ya se encuentra en el grupo literario de Bloomsbury. Cabe hacer un paralelismo entre la moral de Smart y la crítica de la moral victoriana realizada por autores como Lytton Strachey o Virginia Woolf. De este modo, vanguardia modernista y tradición alimentan por igual una expresión que se refugia en la pasión individual frente a la alienación colectiva. Creo que se puede interpretar este libro como una obra que se encuentra a caballo entre el modernismo inglés de entreguerras y la literatura de posguerra norteamericana de la New York School. De ahí la unicidad y rareza de esta mujer procendente de un país y un tiempo trasatlántico vivido entre Ottawa, Londres y Nueva York.

Este neorromanticismo recuerda mucho al nuevo romanticismo intimista y hermético de los años treinta y cuarenta españoles, tanto en España como en el exilio. La misma pasión y fusión de tradición mística, romanticismo y vanguardismo modernista se encuentra en los poemas de Cernuda, Aleixandre o en los de Carmen Conde. Esa dolencia por los placeres prohibidos, por las espadas como labios, esa ansia de la gracia y de mujer sin Edén aparecen igualmente en el texto de la canadiense. No creo que sea una mera coincidencia el interés de Altolaguirre y Smart por El Cantar de los Cantares. El amor, siempre más deseado que realizado, es la única respuesta compensatoria a la soledad, la alienación y el desarraigo de estos seres ahogados por una moral rala, miserable, aniquiladora en la guerra y en las facturas, en los matrimonios convencionales y en las estaciones de trenes.

Más allá de la historia banal de un encoñamiento imposible por un hombre, el texto trata de transmitir una pasión extraodinaria por la propia poesía, por lo que no podía expresarse con un lenguaje ordinario. La densidad metafórica convierte el libro en un largo y bello poema en prosa sensual y expresionista.

Junto a la poesía, el otro género que convive en el texto es el diario de escritor. En el cuaderno de la poeta se establecen los diálogos imposibilitados entre la voz narrativa y las cartas de su amado, o con la realidad extraña que no la entiende. Casi podemos leer la obra como el diario de un poeta, lo que dota a esta obra de una contemporaneidad asombrosa. Tal es así, que el cantante de The Smiths, Morrissey, se inspiró en este libro para escribir relatos de desesperación y rechazo como "What She Said", "Well I Wonder" y "Shakespeare's Sister".

Más que una novela que recomiende leer, este es un libro para releer, por denso, excesivo y hermoso. Si todos los textos de la colección que inaugura este volumen se mantienen en este nivel, sin duda, cumplirá lo que el propio título de la serie se propone: un largo recorrido de hitos literarios.

lunes, 30 de junio de 2008


Jesús Ferrero vuelve con Las Fuentes del Pacífico (Siruela, 2008) a sus temas obsesivos, como la rivalidad entre hermanos o el lejano oriente que ya desarrollaba en su aclamada Belver Yin.

Intrépida novela de aventuras en los mares del sur, tiene historias de marinos y piratas, los perfumes y misterios de los puertos de Oriente y de las mujeres hermosas, y un gusto por la narración de aventuras clásicas muy entretenido.

La prosa está tamizada por una meditación poética y filosófica que dota a la aventura de un significado elevado, metáfora de la evolución de la civilización gracias al motivo de la masonería.

Lo más sugerente del libro quizás sean sus reflexiones sobre la colonización española de Filipinas y Cuba, del rastro que, para bien o para mal, España dejó en el Pacífico y en las rutas comerciales del siglo XIX.

España, o lo que es lo mismo, la obra de los españoles, siempre fue más que la piel de toro. Y sin embargo, entre traumas históricos (pérdida colonial, guerra civil, dictadura) hemos olvidado los aspectos positivos que aquella labor de dominio en ultramar pudo tener. Da la sensación que durante el siglo XX, España hubiera vivido tan solo de fronteras adentro, sin los vínculos que una vez la unieron al mundo de ultramar. Quizás sea esta novela un texto que busca reflejos en el pasado para una nueva apertura hacia afuera, en esta nueva fase neocolonial de esta mediana potencia en la que nos hemos convertido.

Pero sin triunfalismos, la historia es una tragedia.

¿Alguien conoce la gran novela española sobre la Guerra de Filipinas? ¿Está por escribirse?

martes, 24 de junio de 2008

Post Rural


Julián Rodríguez, en sus Cultivos (Barcelona: Mondadori, 2008) nos cuenta una novela autobiográfica que nunca publicó, unas memorias de infancia y juventud cuando todavía no se es viejo, una reflexión sobre la paradoja de ser posmoderno allá donde nunca llegó la modernidad. Personajes de un mundo "post-rural" llega a decir refiriendose a sus novelas. Los cultivos de Rodríguez tienen muchos injertos a modo de citas e intertextos, y, más que un taller de escritor, se muestran como un variado vivero de brotes de novela.
En las posibilidades abiertas está el acierto, pero también el peligro. Si los brotes del vivero no se transplantan, se corre el riesgo de dejar el terreno baldío. No basta con experimentar y apoyarse en numerosas guías: también hace falta salir fuera, trazar un huerto, regarlo, dejarlo crecer, expurgarlo y cosechar.
Julián es lo suficiente buen escritor como para no necesitar la cita explícita de otros autores, como para que se anime a tirar las muletas intertextuales que están de más y se lance a andar con su propio pie. Las tramas estaban ahí, faltó algo de acción, por muy peregrina que fuera. Más acá de las referencias externas, está la experiencia del extrañamiento en tierra propia que algunos compartimos. Curiosamente sus referencias vitales -Cáceres, 1998- me son muy familiares. También yo tuve a Isidoro Reguera de profesor de filosofía. No olvidaré una de sus clases en las que entró, miró por la ventana, vio el campo, miró a la clase casi vacía y dijo antes de tirar la tiza y marchar de nuevo: "¡Qué asco!" Es un gran filósofo, pero desde luego esa no fue la mejor de sus clases. No basta el título y la actitud, también es necesario batirse el cobre, dar la clase pese a todo, agacharse y coger las aceitunas. Al menos si lo que se quiere es aceite y cobrar a fin de mes de modo honrado.

¿Novela-blog? ¿Memorias-moleskine? En definitiva, una sucesión de reflexiones y apuntes de sentimentalidad y lírica dislocada... un poco en barbecho. Ánimo Julián, tienes historias por contar y puedes hacerlo bien, porque ya tienes el tono afinado. Ya conocemos tus gustos y lecturas, ahora danos la buena novela "post-rural" que estamos esperando. Sabes perfectamente que entre los barruecos de la dehesa también se puede empotrar un Chrysler en cemento armado. No nos digas lo que vas a hacer, hazlo. No nos pongas el video de la performance, actúa. Tus fans te pedimos que cojas el tractor y te pongas con los surcos, no te conformes con el barbecho y el subsidio.

jueves, 12 de junio de 2008

"Desgracia" de J. M. Coetzee



Disgrace, de J. M. Coetzee
La novela del premio Nobel sudafricano deja el final abierto y con una tenue esperanza en la posibilidad de adaptación al cambio, pero la verdad es que es un libro bastante duro, que plantea las contradicciones inherentes a la evolución vertiginosa de la sociedad post-moderna. En este caso es Sudáfrica y la situación post-Apartheid marca el conflicto mayor del argumento, pero existen en la trama otras luchas parecidas a las del resto del mundo: la convivencia, a veces complicada en algunos lugares, de un mosaico de razas y culturas no es ya patrimonio exclusivo del país africano, al igual que el hecho de la incorporación de la mujer a la esfera pública en igualdad con el hombre, la visibilidad y aceptación de las distintas orientaciones sexuales así como cierta pérdida de autoridad de las generaciones mayores. La sociedad postpatriarcal no ha eliminado los problemas de clase ni los conflictos, tan sólo ha cambiado el balance de fuerzas existente hasta entonces.
Lo más interesante de la novela, aparte del estilo descarnado y seco en el que se relatan lo sucesos, son los retratos morales que hacen cuestionarte preguntas que no tienen fácil respuesta y que demuestra la fragilidad humana en situaciones límite o críticas. Son personajes en evolución, complejos, genialmente delineados. En especial llama la atención el personaje que sostiene toda la trama. David Lurie es un profesor expulsado de la universidad por seducir a una alumna: no es simplemente un viejo verde terco y orgulloso, es también un hombre expulsado de toda posición preeminente en la sociedad por transguedir normas que son posteriores a su propia moral y educación; sin más familia que su hija, una mujer adulta que toma sus propias decisiones -equivocadas o no, pero libres- a lo largo de la novela tendrá que afrontar la perspectiva de la víctima del resentimiento racial y social contra el gran macho blanco.
Creo que la novela cuenta cómo el mundo cambia y las personas que permanecen ajenas a estas variaciones convulsas de la sociedad, caen en desgracia. Quien no entienda las complejidades de la nueva situación y las nuevas correlaciones de poder consiguientes corre el riesgo de quedar atrapado o impedido por fuerzas imprevistas en el camino. En efecto, no nos educaron para vivir en este mundo ni para que nos cambiaran las reglas a mitad de la partida, pero no queda otra opción que sobrevivir.
¿El personaje de Petrus es un trasunto de Mugabe, del racismo negro contra los blancos?

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