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sábado, 21 de mayo de 2016

La diferencia entre el tonto y el perspicaz

"Nos encontramos, pues, con la misma diferencia que eternamente existe entre el tonto y el perspicaz. Este se sorprende a sí mismo siempre a dos dedos de ser tonto; por ello hace un esfuerzo para escapar a la inminente tontería, y en ese esfuerzo consiste la inteligencia. El tonto, en cambio, no se sospecha a sí mismo: se parece discretísimo, y de ahí la envidiable tranquilidad con el necio se asienta e instala en su propia torpeza. Como esos insectos que no hay manera de extraer fuera del orificio en que habitan, no hay modo de desalojar al tonto de su tontería, llevarle de paseo un rato más allá de su ceguera y obligarle a que contraste su torpe visión habitual con otros modos de ver más sutiles. El tonto es vitalicio y sin poros. Por eso decía Anatole France que un necio es mucho más funesto que un malvado. Porque el malvado descasa algunas veces; el necio, jamás"
José Ortega y Gasset, La rebelión de las masas, 1930 (OC, IV:187) 

lunes, 2 de mayo de 2016

La verdadera derrota del pensamiento

Michel Onfray: "La verdadera derrota del pensamiento tiene como síntoma la reducción de la diversidad cultural a esta alternativa: pobreza intelectual o elitismo, simplismo o ininteligibilidad. Los excesos que cometen unos remiten al campo contrario y obligan a tomar partido, e incluso a defenderlo con uñas y dientes, aun cuando se esté en disposición de reconocer sus aspectos negativos. Por un lado, la ausencia de cultura y la promoción de unas ideas desechables, pero eficaces auxiliares del mercado; por el otro, obras fundamentalmente abstrusas en las que unas cuantas perlas enterradas en el lodo suponen que es menester hundirse en el fango para merecer su disfrute. Personalmente, no quiero la pobreza mental de los unos ni la sádica obligación de los otros de aceptar el sufrimiento como precio del saber, de subordinar la ciencia a un dolor excesivo, de no acceder al paraíso de una creación si antes no se ha expiado, no se ha sudado sangre, no ha habido arrepentimiento, penitencia y sometimiento a una disciplina inútil" («Política del rebelde. Tratado de resistencia e insumisión»; Barcelona: Anagrama, 2011 [1997], páginas 240-241).

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