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jueves, 13 de junio de 2013

Oro, dinero independiente

jueves, 26 de enero de 2012

La concepción islámica del dinero es libertaria (o casi)

En algún otro post hemos comentado la extraña relación de paralelismo que existe entre la concepción islámica del dinero y la que tenemos los libertarios partidarios del patrón oro.

Esta clase del Sheik Imran Hosein, vuelve sobre el tópico y quisiera compartirla con todos para tener una visión más ponderada del Islam. Si dejamos a un lado las referencias coránicas y la idiosincrasia de los países árabes y la cultura islámica, lo que viene a decir en términos simples y perfectamente entendibles es que para el mundo islámico clásico el dinero era materias primas, commodities, que servían para los intercambios comerciales, medida para el cálculo del valor y como medio de atesoramiento del valor por su incorruptibilidad (o resistencia al tiempo) y fácil divisibilidad. Citando al Profeta Mahoma, para el islam clásico el dinero era el oro, la plata, los dátiles, el trigo, la cebada y la sal. Idealmente los metales preciosos, pero ante su falta o escasez, aquello que se podía almacenar durante tiempo y cambiar por otros productos. Para el Islam el cambio de dinero por dinero con interés es riba, usura y es pecado (haram), porque su uso sistemático desposee a los más pobres de sus propiedades y enriquece más a los ricos. Es interesante que para esta cultura surgida en un pueblo de pastores nómadas y agricultores no se cuestiona la propiedad privada, sino el uso de la usura, esto es, la devaluación de la riqueza atesorada por el dinero. Los economistas criticarán la visión demasiado simple de ver todo préstamo como usura o la visión de la economía y el comercio como un juego de suma cero (carecen de la visión subjetivista del valor que ha desarrollado la teoría austríaca por una visión metafísica o revelada del valor) pero, con todo, da en el clavo en algunas cuestiones esenciales, al menos para los libertarios.


A partir de estos principios, el Sheik analiza el sistema monetario internacional a partir de la creación del modelo de banca central (Banco de Inglaterra y la Reserva Federal) y el progresivo abandono del patrón oro por la moneda fiduiciaria lo que considera el arma más potente del Anticristo (Dajjal) el imperio. Muy sabiamente critica no sólo el papel moneda, sino lo que ha de venir tras la ecatombe financiera que se está gestando (el fin del dólar como divisa de referencia internacional), la creación del dinero electrónico, que permitirá trazar todas nuestras transacciones y evitar el anonimato en el uso del dinero. En este esquema monetario no sólo se está produciendo la mayor estafa a nivel mundial y la mayor transferencia de riqueza de las masas a una élite imperialista, sino las bases de nuestra esclavitud. La respuesta, en palabras de un hombre religioso no puede ser otra, es la vuelta a la moralidad islámica. Si nos sustraemos de toda explicación metafísica, tiene razón en decir que las únicas riquezas reales son los alimentos, los recursos naturales, y la vuelta al patrón oro o bimetálico, que en el mundo islámico remite al dinar de oro y el dirham de plata. La única respuesta posible es salir de la lógica del sistema sostenido en deuda a nivel supranacional (el dólar y el euro), nacional (la deuda pública) y privada (deudas de empresas y particulares) y volver a uno sostenido en riqueza real atesorada, ahorros (tierras fértiles, commodities y oro). Lejos de una llamada a la autarquía o al decrecimiento, una vuelta a la racionalidad y ética económica debe partir del reconocimiento de este error o crimen que es vivir a costa de los demás, de su esclavitud.

Independientemente de lo que opinemos cada uno de la religión musulmana, y si obviamos los tonos judeofóbicos de su discurso (hay que diferenciar la élite financiera, independientemente de su credo o fe y el pueblo israelí o los judíos, víctimas igual que todos los demás de esta estafa monetaria) creo que su visión económica es de interés y quizás remita a una verdad moral última: nadie tiene derecho a desposeer a otra persona de sus propiedades legítimas, nadie tiene el derecho a sojuzgar y someter a otro mediante la deuda y la usura, mediante la estafa o el engaño, nadie debe cambiar los acuerdos contratos libremente acordados entre dos partes. Nuestro sistema financiero y bancario es una gran estafa masiva que nos está desposeyendo de nuestra riqueza mediante la inflación y la reserva fraccionaria, y esto es evidente a cualquier persona racional y ética. Y lo que es peor, está sellando las bases de nuestra esclavitud, el fin de nuestra libertad. Salam al'Islam.

domingo, 17 de abril de 2011

Cuando el Islam y los libertarios se dan la mano.

      Considerándome un racionalista escéptico, nunca pensé que diría esto, pero hoy he descubierto algo positivo en los valores islámicos. Puede sonar extraño, pero así es. Un valor de su cultura que los islámicos pueden compartir con el resto del mundo liberal: el dinar de oro y el dirham de plata acuñados en Indonesia. El Islam prohibe la usura, porque la contempla como una forma de robo. Y obviamente, la inflación, la manipulación del precio del dinero, es usura y robo. Los liberales que apreciamos el dinero respaldado por metales preciosos, el sound money, las monedas fuertes y estables, somos también conscientes de esta manipulación del valor del dinero y deberíamos apoyar iniciativas como las de los indonesios y otros musulmanes de volver a un patrón bimetálico que, en convivencia con el dinero fiat, frene nuestro empobrecimiento y, eventualmente, acabe con la moneda fiat a medio plazo, en sustitución de nuevas monedas de oro y plata o de pago electrónico respaldadas en estos metales.

El chico entrevistado dice que al ver lo que el banco hacía con sus rupias, decidió cambiarlas en 2004 por dinares y dirhams. Desde entonces ha podido contemplar una inflación del 20% en Indonesia y él haber mantenido e incluso aumentado su poder adquisitivo gracias a haber respaldado sus ahorros con oro y plata. En un momento al final afirma: "Para mí, el dinar de oro y el dirham de plata representan un movimiento de absoluta libertad individual"

El representante de este movimiento islámico a favor de la acuñación de oro y plata, lo dice bien claro en un inglés muy inteligible. El dinero fiat es un engaño, una mera ilusión de riqueza, un papel que no vale nada, nada más que lo que un político o un banquero dice que vale. Sin embargo las moneda de oro y plata son un activo que no se devalúa y que como forma de pago, están de acuerdo con la sharía o ley islámica. Dice: "El sistema actual no sólo es insostenible, sino que está colapsando. Por lo que debemos estar preparados con otros sistemas, más sostenibles y estables. El sistema bancario es criminal y los banqueros son criminales"
Volver a un patrón bimetálico es una cuestión, señala el chico del principio, en la que está en juego "la justicia y nuestra libertad. No es algo revolucionario, es sólo la vuelta a la verdad."

El mundo entero se está preparando para una hiperinflación de las divisas fiat, las divisas que de modo irresponsable, los bancos centrales imprimen en cantidades fabulosas. Los países pobres son más sensibles a estos procesos que los países ricos. Las revueltas árabes de esta primavera están vinculadas a esta carestía de la vida. Ninguna revolución violenta restituirá lo robado. Sólo medidas pacíficas que estabilicen la moneda en todo el mundo pueden darnos la paz, la prosperidad y el entendimiento en el mundo.
La subida del precio del oro y la plata es una señal de que esta vez estos metales van a ser demandados como forma de pago en todo el mundo. Son el único dinero verdaderamente fiable y exento de la manipulación gubernamental u oligopolística. La tecnología permite ya este tipo de pagos.

Nos espera un futuro extraño, por el bien de todos, esperemos que respaldado en oro y plata. Insh'Allah.


martes, 12 de abril de 2011

Una revuelta pacífica contra los bancos: compra plata y jode a un banquero

NEW Buffalo/Indian Head Nickel Art Coin 1 TROY OZ .999 SILVER BULLION      El viernes pasado por primera vez en décadas el precio de la onza (31,1 grs.) de plata superó los 40 US$ y se calcula que pueda subir hasta los 90 US$.

Sea por la debilidad del dólar o bien porque haya movimientos especulativos, desde hace más de un año la red viene haciéndose eco de la posibilidad de que la plata alcance precios desorbitados en cualquier momento o de modo progresivo durante la próxima década.

La primera vez que leí a alguien la recomendación de invertir en plata fue en uno de los famososos y populares libros de Robert T. Kiyosaki. El hawaiiano de la serie de libros Rich Dad recomendaba apalancar el dinero en plata.
    Les había oído a los economistas austríacos hablar sobre el patrón oro y sobre la conveniencia de invertir en oro como valor refugio frente a la depreciación inflacionaria del dinero fiduiciario y frente a la volatilidad de los mercados bursátiles. En tiempos de crisis el oro siempre resurge como valor refugio y eso es lo que explica las subidas de su precio en los dos últimos años. Pero no había oído hablar tanto de la plata. En el libro Incrementa tu cociente intelectual financiero afirma con respecto a las tendencias que observa se darán en la próximas décadas:

Rich Dad's Advisors: Guide to Investing In Gold and Silver: Protect Your Financial FutureCreo que la mejor inversión en el futuro próximo será la plata; de hecho, creo que será mejor que el petróleo. Tengo dos razones para creerlo: la primera es que la plata es un metal para consumo industrial, lo que significa que se está acabando. La plata es el metal que se emplea en los aparatos electrónicos como ordenadores, teléfonos móviles, televisores
 y otros. Se estima que ya hemos consumido el 95 por ciento de la plata existente, por lo que es más escasa. Sucede diferente con el oro: se cree que el 95 por ciento del oro encontrado aún está a nuestro alrededor y en vez de ser consumido, se acumula. Todo esto ahce que la plata sea más valiosa que el oro.

Silver Equals Gold
La segunda razón es que la plata también es un metal precioso, es un tipo de dinero. Mientras el poder adquisitivo del dólar baje, la gente empezará a buscar otro elemento que represente dinero real o que al menos mantenga su valor. En este momento la plata es barata comparada con el oro: una onza de plata cuesta aproximadamente trece dólares [sic, está ahora mismo a 41] y una de oro seiscientos [sic, está por encima de 1400 en estos momentos]. Desde hace mucho tiempo el oro ha costado solamente 14 veces más que la plata, lo que significa que si una onza de plata costara diez dólares, la de oro costaría ciento cuarenta. Actualmente el oro y la plata tienen un precio diferencial de cincuenta [sic, 35-40 ahora, lo que confirma estas palabras] por eso pienso que si nos basamos en las tendencias históricas y el hecho de que la plata es un metal consumible, hay una alta probabilidad de que suba de precio.
Debido a que hay muchos inversionistas que no quieren acumular monedas o barras de plata, ni invertir en acciones de extracción minera de este metal, hace aproximadamente un año varias casas de cambio pusieron a su disposición fondos de intercambio de plata (ETF, por sus siglas en inglés). Los ETF facilitaron que la gente invirtiera en plata. Un EFT es como el antiguo dinero estadounidense, un trozo de papel respaldado por plata. El certificado de plata. La diferencia es que un ETF puede subir y bajar con las fluctuaciones del precio de la plata en el mundo. Creo que la dición de los ETF de plata significa que el mundo se está preparando para acumular este metal dado que el poder adquisitivo de las divisas mundiales continúa a la baja.
    La plata es un metal precioso además de un combustible, lo que lo convierte en la mejor oportunidad de inversión de esta década. Según los informes quedan menos de trescientos millones de onzas de plata en la tierra. Esto significa que para el año 2020 el mundo podría quedarse sin este metal. Algunos expertos en metales piensan que en unos años la plata será tan cara como el oro. Yo no creo que vaya a subir tanto pero debido a las tendencias de la oferta y la demanda, creo que la plata es una oportunidad que no se debe dejar pasar. Hoy es barata y representa una inversión de bajo costo que cualquier persona en el mundo occidental puede llevar a cabo. Yo trato de observar las tendencias y comprar plata cada vez que baja de precio en el mercado. Por supuesto, podría estar equivocado, así que lo mejor es buscar tus propios datos y realizar una investigación antes de invertir en esta tendencia.

  Desde hace más de un año se ha lanzado una campaña con el título Crash JP Morgan Buy Silver una idea surgida Michael Krieger puesta en funcionamiento por el investigador financiero Max Keiser el famoso programa estadounidense Alex Jones Show. Durante el programa Max Keiser anunció  

“If everyone in America bought one silver coin, or even if one million people collectively bought 100 million ounces it would take it off the market and crash JPMorgan.”

    Quizás esta sea una de las razones añadidas al alza de la plata: millones de personas en todo el mundo están tratando de comprar plata física en todas las formas posibles (lingotes, monedas conmemorativas, onzas de inversión, etc).

La idea expuesta en este manifiesto es fastidiar a los Hedge Funds como los que posee la banca JP Morgan, haciendo subir la plata antes de que se adueñen de buena parte de ella para comercializar derivados de metales. Cuando el oro ya esté acaparado irán a por el dinero de los pobres. Si el oro históricamente ha sido para los reyes, la plata fue el metal por excelencia de las clases medias y trabajadoras.

Deberíamos ser más conscientes de que los bancos, ayudados por los políticos comprados por ellos mismos, están cometiendo un fraude masivo con los rescates públicos y la manipulación de las divisas monopolizadas por los bancos centrales. Una forma barata y no agresiva de contrarrestar el envilecimiento de la moneda vinculado a la deuda pública masiva es mediante la posesión física de metales preciosos. En este movimiento quien tiene más que perder son los bancos, que no podrán emitir más productos financieros o derivados sustentados en plata, ni podrán bajar el precio del dinero-plata. ¡Monetizemos nuestra rabia!


La música con letras libertarias de hoy es, no podía ser de otro modo, "Silver & Gold" de los U2:



In the shit house a shotgun
Silver And GoldPraying hands hold me down
Only the hunter was hunted
In this tin can town
Tin can town
No stars in the black night
Looks like the sky fell down
No sun in the daylight
Looks like it's chained to the ground
Chained to the ground
The warden said:
"The exit is sold.
If you want a way out,
Silver and gold."

Broken back to the ceiling
Broken nose to the floor
I scream at the silence, it's crawling
It crawls under the door
There's a rope around my neck
And there's a trigger in your gun
Jesus say something
I am someone, I am someone
I am someone

Captain and kings
In the ships hold
They came to collect
Silver and gold
Silver and gold

Seen the coming and the going
Seen them captains and the kings
See them navy blue uniforms
See them bright and shiny things
Bright shiny things

The temperature is rising
The fever white hot
Mister, I ain't got nothing
But it's more than you got

Chains no longer bind me
Not the shackles at my feet
Outside are the prisoners
Inside the free
Set them free
Set them free

A prize fighter in a corner is told
Hit where it hurts
Silver and gold

sábado, 29 de noviembre de 2008

El oro y la soberanía del individuo

http://www.juandemariana.org/comentario/1584/oro/soberania/individuo/
16/10/2007 - Juan Ramón Rallo
El oro y la soberanía del individuo

El informe que acaba de publicar el Instituto Juan de Mariana, El patrón oro y la inflación en España (1972-2007), revela que desde finales de 1972 los precios se han multiplicado por más de 23 veces con respecto al oro, o dicho de otro modo, nuestra moneda, ya sea primero la peseta y luego el euro, ha perdido más de 23 veces su valor en 35 años.

Esta brutal depreciación de la moneda de curso legal, gestionada en régimen de monopolio por el correspondiente Banco Central, demuestra la absoluta ineficiencia de las autoridades estatales para mantener un dinero de calidad cuando éste no se encuentra ligado a ninguna mercancía que el mercado haya monetizado previamente.

Carl Menger ya explicó que el dinero es un proceso de selección empresarial en el mercado por la mercancía más líquida, esto es, aquella cuya utilidad marginal decrece más lentamente como se pone de manifiesto en su estrecho bid/ask spread. El oro fue elegido a lo largo del tiempo, y gracias a sus óptimas propiedades (su facilidad de transporte, almacenamiento y conservación, su enorme divisibilidad, ductibilidad, maleabilidad, no corrosividad, su escasez relativa, su homogeneidad, la dificultad de ser falsificado, su cualidad de metal precioso internacionalmente reconocido y ser imperecedero), como el bien más adecuado para servir como medio de intercambio y depósito de valor.

Si bien durante el siglo XIX y principios del XX, los gobiernos de todo el mundo rindieron pleitesía al oro, comprometiéndose a garantizar la plena convertibilidad de sus billetes con el metal áureo, a partir de la Primera Guerra Mundial trataron afanosamente de desmonetizar el oro para así tener pleno control sobre el dinero que manejaban sus ciudadanos. La utopía gubernamental siempre fue poder crear tanto dinero como quisieran sin que los individuos apreciaran envilecimiento alguno de la moneda y empezaran a demandar precios más altos, atesorar el valor en otras mercancías y a liquidar sus activos financieros para trasladarlos a otros países en lo que se ha venido a llamar "dinero caliente".

Si los ciudadanos aceptaban pasivamente el dinero que les imponía por curso forzoso el Estado, fuera cual fuera su calidad, la recaudación tributaria bien podría haberse sustituido por el incesante funcionamiento de las imprentas. El Gobierno gastaría tanto como quisiera sin dar nada a cambio y los individuos cargarían con las consecuencias en forma de carestía y privación.

El abandono de Bretton-Woods por parte de Nixon no sólo supuso la mayor suspensión de pagos de la historia, sino también la destrucción de los últimos lazos entre el oro y el sistema monetario internacional. Muchos economistas predijeron que si el dólar dejaba de ser convertible en oro, los precios del oro se hundirían ya que perdería su demanda monetaria. La realidad ha sido que desde entonces el dólar ha perdido ya más de 21 veces su valor con respecto al oro. Y es que el billete verde no es más que un pasivo del Banco Central en suspensión de pagos y, como todas las deudas que cotizan en mercados secundarios, cuando el emisor suspende pagos pasan a cotizar con un brutal descuento (en el caso del dólar ya supone más del 90% de su valor nominal).

Este continuo envilecimiento de las monedas cuyo único punto de llegada parece ser su repudio total y definitivo no es un proceso sin consecuencias. El dólar, el euro y todo el dinero fiduciario en general es un pésimo dinero, lo que significa que cumplen mal con las funciones que se espera que debieran cumplir.

El patrón oro las cumple a la perfección, ya que sus dos grandes ventajas son la estabilidad de precios y de los tipos de interés, lo que se traduce en que el poseedor de oro puede hacer gala de una doble y fundamental soberanía: la soberanía del consumidor y la soberanía del ahorrador.

Como consumidor puede elegir entre consumir y no consumir sin que por ello tenga que perder el valor. Si acude al mercado y no encuentra nada que le agrade, simplemente restringe su consumo sin que la inflación devore sus expectativas de gasto. Es el empresario quien tiene que captar el oro para recuperar su inversión inicial; o bien proporciona lo que el consumidor desea y cuando lo desea, o tendrá que vender al descuento.

Como ahorrador dispone de un mercado de renta fija donde depositar su dinero sin que la inflación consuma el nominal y, sobre todo, puede decidir entre invertir o no en los mercados de capitales. Si la rentabilidad que le promete la inversión es demasiado reducida, atesorará el oro, con lo que las empresas y los bancos tendrán que ofrecerle remuneraciones más elevadas para captar su capital.

El dinero fiduciario despoja al individuo de esta doble soberanía. El consumidor que no gasta hoy se ve forzado a invertir, a comprar productos que no desea o a soportar una pérdida en el valor de su dinero. No son las mercancías las que persiguen al dinero, sino el dinero a las mercancías.

El ahorrador tampoco puede negarse a invertir sus fondos en cualquier proyecto que proporcione una cierta rentabilidad –por pequeña que sea– que le permita compensar en todo o en parte la inflación. Los tipos de interés, gracias a la expansión crediticia del Banco Central, se mantienen lo suficientemente bajos como para emprender proyectos que sólo resultan momentáneamente rentables con cargo al señoriaje que sufre el tenedor de dinero.

Sólo quienes abandonan este perverso esquema fraudulento son capaces de beneficiarse del sistema. Los especuladores afines al poder político anticipan las variaciones del tipo de interés y se lucran con la disminución o el incremento del precio de los bonos y de las mercancías, desestabilizando aun más los precios y los tipos de interés y propiciando el ciclo económico.

Otros inversores más honrados y no relacionados con el Estado han logrado cubrir sus posiciones modificando la composición de su cartera de activos. Los saldos de caja y los valores de renta fija han perdido valor frente a una constelación de activos que van desde el propio oro, otras commodities transitoriamente monetizadas, la propiedad inmobiliaria, y, sobre todo, la renta variable de calidad.

Las acciones con valor y con respectivas de crecimiento son hoy una de las pocas alternativas exitosas al envilecimiento monetario. Pero aun así, por muy grande que sea su calidad, no pueden constituir un patrón monetario universal. Simplemente no hay suficientes y su distinta y variable liquidez las hace inapropiadas para el intercambio.

El oro sigue siendo, pese a todos sus detractores, la única alternativa para restaurar la soberanía del consumidor y del ahorrador en el mercado. El dinero fiduciario es sólo una garantía de depreciación permanente, de violación continuada de los derechos de propiedad de quienes crean la riqueza en una sociedad.

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