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sábado, 15 de junio de 2013

Difundiendo las ideas liberales, Dr. Manuel F. Ayau, 26/01/2009 | Universidad Francisco Marroquín @newmediaufm | Duración:54 minutos #video #Guatemalaliberal

Difundiendo las ideas liberales Dr. Manuel F. Ayau 26 de enero de 2009 | Universidad Francisco Marroquín | Duración:54 minutos

  • Créditos iniciales
  • Intervención del Dr. Manuel Ayau
  • Introducción Ley de costos comparativos 
  • Cita, Acción humana, Ludwig von Mises Premisas 
  • Subjetivismo del valor y objetivismo de los medios 
  • Ejercicio de competencia entre Pedro y Juan 
  • Cómo se produce el enriquecimiento 
  • Cómo funciona el costo de oportunidad 
  • Quien enriquece a la la sociedad Impuesto progresivo a la renta 
  • Políticas laborales Comercio internacional 
  • El mercado común 
  • Relación del salario mínimo con el desempleo 
  • Oferta de trabajo en el mercado 
  • La intervención económica del Estado 
  • Segmento de preguntas, respuestas y comentarios 
  • Créditos finales

jueves, 6 de junio de 2013

Comentario a "El sueño imposible del liberalismo clásico" de Locke

Me llega por Facebook el siguiente artículo publicado el Instituto Mises Hispano:


Es una refutación de la validez del enfoque del liberalismo clásico, por condescender con el Leviatán, el Estado. Vale, de acuerdo. Ahora. ¿cuál es la alternativa, cuáles son sus fines, los medios y tiempos para alcanzarla? ¿La violencia? Hmmmm. Personalmente, no la apruebo, esa es la razón por la que desconfío de los gobiernos, porque usan la violencia. ¿Se puede en el corto, medio plazo hacer una sociedad con menos o ninguna presencia estatal sin violencia? Me apunto. Creo más en la evolución que la revolución. Pero me temo que no será cosa de un día, sino de educación y cultura.

martes, 21 de mayo de 2013

Por qué soy liberal y creo en el capitalismo




 Aunque el otro día hablábamos de las ideologías como neurosis, supongo que es inevitable que todos lo seamos en algún grado. Hoy dejo este vídeo de Tomás Pulido montado con citas de autores liberales extraídas de Liberalismo.org.

lunes, 16 de enero de 2012

El falso libertarianismo de la Thatcher y Reagan

Existe un mito dentro de la derecha "liberal" o los conservadores liberales y es el de representar Margaret Thatcher y Ronald Reagan como modelos políticos a seguir en cuanto a lo que a liberalismo se refiere. De un modo bastante acrítico, tanto a derecha como a izquierda, se ha identificado el (neo)liberalismo con la "Revolución conservadora" o las políticas monetaristas de la Escuela de Chicago, el llamado Consenso de Washington.

Si hay un concepto discutido y discutible, parafraseando a quien acaba de dejar atrás la viña destrozada por los cerdos, es el de liberalismo, porque hay tantas definiciones como personas que se dicen liberales o que acusan a otros de ser (neo)liberales.

La acepción que me gusta manejar a mí para liberalismo es la que se rige de modo lógico y coherente a partir de una serie de principios sólidos e irrefutables: respeto irrestricto a la propiedad privada, incluídos para cada individuo su cuerpo y vida, integridad física y posesiones legítimamente obtenidas, y los acuerdos libres voluntarios, o si se prefiere, el principio de no agresión, que están en la base de todas las libertades individuales y económicas que se derivan de estos axiomas.

Yo defiendo como verdadero liberalismo, o al menos como la versión de esta corriente ideológica más coherente, el liberalismo libertario, que, surgiendo del Liberalismo Clásico, se apoya en los desarrollos teóricos de la Escuela Austríaca de Economía y las escuelas del radicalismo político y el anarcocapitalismo, agorismo, etc. Por eso, si va inducir a confusión, prefiero el término libertarianismo, que, pese a ser otro concepto discutido y discutible, puede que acote más el sentido en que uso la palabra liberalismo en esta entrada.


Como ha demostrado uno de los teóricos libertarios actuales más sólidos, el autor de Libertarianism Today, Jacob H. Huebert, los gobiernos de Ronald Reagan no fueron una revolución, y menos una revolución liberal o libertaria. Pese a toda su retórica antigubernamental, Reagan en sus mandatos hizo crecer el gobierno y engañó a los libertarios, a quienes les pidió su apoyo a cambio de casi nada.

Como expone Huebert en su artículo Reagan no fue un libertario por varios motivos: se apoyó en la derecha religiosa americana, que para nada habría aprobado la moral libertaria individualista, como sucedió en la escalada en la guerra contra el narcotráfico o las numerosas intervenciones militares en el exterior (tropas en Líbano, apoyo a Sadam Hussein, intervención en Nicaragua, y el apoyo a la Contra en Irán, entre otras). Lejos de eliminar el reclutamiento como había prometido, lo mantuvo y sostuvo una escalada de gasto militar y en armas nucleares.

Si atendemos a los resultados y no a la retórica a favor de los mercados libres y la contención del gasto público, también se puede observar que su política económica también hizo poco por la liberalización: durante sus dos mandatos las restricciones a la importación crecieron 100%, prácticamente dobló al Presidente Carter en las cifras de gasto y déficit estatal, si no se corrigen estas cifras con la inflación. Porque esa es otra, tampoco redujo la inflación, aunque comparativamente con los setenta, se contuviera su crecimiento. Sus políticas monetaristas fueron opuestas a la restauración del patrón oro, y la estabilización monetaria, lo que ya habría bastado para no incluir a Reagan entre los liberales, al menos no entre los liberales libertarios o de la Escuela Austríaca. La Reserva Federal siguió imprimiendo a lo loco igual durante sus años.

Otro de los mitos pseudolibertarios del mandato Reagan fueron las bajadas de impuestos. Con ese eslógan ganó las elecciones, pero de nuevo la realidad viene a desmentir la retórica, puesto que bajar los impuestos mientras se aumenta el gasto es una tomadura de pelo al contribuyente: lo que no se paga en impuestos se paga en aumento de la inflación o aumento del déficit y la deuda pública, lo que es simplemente aplazar el pago de impuestos a las generaciones futuras junto con los intereses y la pérdida del poder adquisitivo aparejado. Lo peor de este lugar común, es que, de hecho, Reagan sí subió los impuestos en determinados tramos, y lejos de eliminar la Seguridad Social, obligó a los trabajadores a pagar más por sus seguros.

Y en lo que se refiere a las desregulaciones, aquello más positivo que se puede reconocer en sus mandatos, las que se llevaron a cabo fueron la implementación de políticas ya comenzadas y diseñadas, irónicamente, al final del mandato Carter, quien ha pasado, pese a esto, por ser el presidente más socialdemócrata de los Estados Unidos hasta la llegada de Obama: industrias del petróleo, gas, aerolíneas y transporte por carretera.

La conclusión de Huebert es clara: los años de Reagan fueron malos para la libertad y el libertarianismo  o liberalismo libertario, pues fueron una restauración de los valores conservadores asociados al militarismo, el nacionalismo proteccionista, apoyada en el monetarismo de la Escuela de Chicago y el mercantilismo amigo de las corporaciones, para nada en los mercados libres y verdaderamente desregulados.

Los libertarios que simpatizaron al comienzo con la retórica de Reagan, o bien se amoldaron al establishment -caso de la esfera del Cato Institute bajo la financiación de los magnates del petróleo Koch- o bien se apartaron desilusionados al ver sus aspiraciones sumidas en el déficit público rampante. Que sus políticas fueron malas para libertad quedaría demostrado por el aumento brutal del gasto público y el intervencionismo estatal durante los mandatos republicanos posteriores de los Bush.

Quizás la única virtud que se le pueda ver a todo este periodo y es algo que Huebert pasa por alto en su artículo es que este aumento del gasto tuvo aparentemente una consecuencia buena: empujó a al URSS a acometer un esfuerzo de gasto similar en una economía mucho menos productiva, lo que provocó, en última instancia, el colapso del gigante soviético y del bloque del Pacto de Varsovia bajo su control. ¿Hasta qué punto la amenaza de la Unión Soviética era real para occidente en los años 80 y no una excusa para mantener el gasto militar? Supongamos que esta amenaza fuera más real que retórica o que antes del colapso soviético se sintiera, ante falta de más información, como tal. Con el fin de la Guerra Fría este enorme gasto militar tendría que haberse reducido drásticamente, sin embargo, Estados Unidos buscó la excusa del terrorismo islámico o la crisis sistémica del sistema fianciero para mantener esta escalada del gasto público -no sólo militar- que ahora esta amenazando con el colapso de los estados occidentales a los dos lados del Atlántico.



Con respecto de Margaret Thatcher se puede decir otro tanto. Vuelta a poner de moda recientemente por la pelicula The Iron Lady (Phyllida Lloyd, 2011), fue la contraparte británica de Reagan. También ha sido defendida como adalid y ejemplo de políticas liberales por un sector de la derecha. Sin embargo, una revisión más cercana a los hechos, lejos de la retórica de los discursos de Thatcher y sus corifeos, puede revelarnos las luces y sombras de la primera mujer en acceder al puesto de Primer Ministro en Gran Bretaña.

La semana pasada fui a ver la película de Phyllida Lloyd espoleado por las malas críticas y reacciones adversas que recibió en el periódico Público. Como drama histórico hecho al gusto actual de mostrar el lado humano de los grandes dirigentes, se puede considerar un filme logrado. El planteamiento dramático del guión (Abi Morgan) está conseguido con efectividad y la interpretación y caracterización de Meryl Streep merecerá un Oscar con toda seguridad.

La película se centra aspectos personales, emocionales, familiares, privados, de la personalidad y vida de la dirigente, pero pasa, creo que inteligentemente, por encima de los fárragos de la política real y la ideología de Thatcher. Un drama de este tipo no tiene tiempo material para ahondar en cada uno de los episodios de la política de los tres mandatos thatcheritas, episodios que merecerían una película por sí solos (la crisis y recuperación económica, los problemas de orden público, las privatizaciones, los recortes sociales, el enfrentamiento a los sindicatos y los mineros, la guerra de las Malvinas, su lucha contra el terrorismo del IRA, las intrigas dentro de su partido para derrocarla, etc.).

Formalmente, ninguna pega a la película. Ahora, en cuanto a los contenidos políticos o ideológicos, estoy hasta cierto punto de acuerdo con la crítica que ve el feminismo de la Thatcher traído por los pelos. Fue una mujer de carácter, individualista, pero de ahí a que fuera feminista o un modelo para las feministas, va un trecho. Para bien o para mal, Thatcher no fue una feminista, por mucho que tuviera que luchar y sobreponerse contra el machismo de su sociedad. Su relativo feminismo, como su relativo liberalismo fue producto de la necesidad de los tiempos que le tocó vivir más que fruto de ningún convencimiento ideológico.

Quizás junto con medidas económicas exitosas y liberalizadoras como el control de la inflación y la desregulación de los mercados financieros, la flexibilización laboral, las privatizaciones de empresas públicas ineficientes y recortes o eliminación de subsidios, el énfasis en los mercados abiertos, lo mejor sea su concepción de la virtud individual, la independencia y la responsabilidad que la libertad supone. Se nota, a diferencia de Reagan, una influencia de su lectura de la obra de Hayek, Camino de Servidumbre y sólo ese detalle hace que la prefiera sobre el americano. Su desconfianza hacia el Estado como buen gestor de la economía quizás proceda de ahí y su victoria sobre los sindicatos mineros es meritoria. Otra herencia positiva desde un punto de vista libertario quizás sea su euroescepticismo, su crítica a  la proliferación de un poder público centralizado supranacional en Europa.

Por lo demás, se le puede acusar de los parecidos defectos que a Reagan. Su política económica dependió del monetarismo y su lucha contra el gasto y el déficit no se aplicó de modo coherente a la hora de recuperar las Malvinas. Sus concepciones y políticas moralistas y conservadoras contra el crimen y el desorden escondían tics autoritarios y xenófobos sobre la raza, la inmigración o la homosexualidad y la familia. Partidaria de la pena de muerte, de la censura audiovisual, también estuvo en contra de facilitar el divorcio.

El liberalismo económico relativo -pese a todo, su énfasis en combatir la inflación no le permitió acabar con las cifras de paro- acabó empañado por las revueltas que la aplicación de un impuesto para la financiación local por individuo (Poll Tax), en sustitución de uno progresivo ajustado al valor catastral del inmueble. Un individualismo mal entendido desde mi punto de vista, porque supuso un aumento de los impuestos a la postre y un intervencionismo estatal sobre la financiación local. La revuelta que provocó fue la puntilla a su último mandato, lastrado por las desaveniencias internas y externas.

Un verdadero libertarianismo no puede llevarse a cabo mediante una recentralización del poder que afirme la autoridad del Estado nacional sobre poderes locales o entes privados y ciudadanos.  Los gobiernos de Thatcher, con tener algunos aspectos positivos en sus fines, como la liberalización económica, usó medios que para un liberal libertario no serían los más adecuados. Y como expone Richard Vinen en su Thatcher's Britain, el liberalismo de la Premier británica, tenía poco que ver con el liberalismo clásico del histórico Partido Liberal inglés (p. 288) y que fue más una retórica para atraer a votantes de la coalición de centro conformada por el Partido Liberal y el partido Social Demócrata.

Los que somos partidarios de políticas económicas liberales les podemos encontrar algunos logros a los mandatos de Reagan y Thatcher, pero afirmar que encabezaron una verdadera revolución liberal o un movimiento libertario es ir demasiado lejos. Su mezcla de monetarismo, corporativismo, militarismo, nacionalismo, conservadurismo creo que dejan poco espacio para una definición libertaria de sus gobiernos.

domingo, 20 de marzo de 2011

La paz es el respeto al derecho ajeno: Sobre los ataques a la capilla católica de la Complutense

Acabo de leer el siguiente editorial en Libertad Digital que condena la agresión anticlerical contra la misa celebrada en la Universidad Complutense de Madrid el otro día. Condeno toda clase de violencia, incluída esta, que más que violencia o agresión en puridad, me parece una falta de civismo, educación y respeto: interrumpieron el culto, zarandearon al cura y se desnudaron en el altar. De entrada, digo con toda claridad que me opongo a todo inicio de agresión, la inicie quien la inicie.
    Pero dicho esto, quiero dejar bien claro que la primera violencia de todas es el establecimiento y mantenimiento de una capilla católica en una universidad pública dentro de un país aconfesional. Lo justo es que cada uno ejerza su culto, en libertad, en su templo, de su propiedad privada, no en espacios de propiedad pública. Porque si no, lo siguiente que veremos serán capillas musulmanas, protestantes, budistas, etc, pagadas por todos los contribuyentes y atacadas por la extrema derecha, por lo que volveremos a condenar el mismo tipo de violencia estúpida e intransigente. Lo justo, y lo respetuoso con las creencias de cada uno es que los espacios públicos estén libres de manifestaciones religiosas, y que éstas queden relegadas al espacio privado. Estoy seguro que este tipo de ataques no suceden en las univeridades privadas con capilla. El que va a esas universidades ya asume que en el precio que paga existe este servicio religioso y le parece estupendo que así sea. Nada que objetar. Pero los espacios públicos deben ser neutros para respetar la libertad de conciencia de todos, incluídos todos los credos y los que no tienen ninguno en particular.
Por eso, la postura verdaderamente liberal es la de:

1) rechazar toda iniciación de la violencia
2) permitir la libertad de culto
3) que este culto se haga en espacios privados y no públicos
4) que los cultos -al igual que los partidos políticos y los sindicatos- se financien con las cuotas y donaciones de sus seguidores y no con dinero público, extraído coactivamente a todos los contribuyentes, sean creyentes o partidarios de esas ideologías o no.
4) el liberalismo no se debe identificar con ningún credo en particular sino con la libertad de culto.
    Naturalmente ésta es una libertad individual y privada. El estado debe mantenerse neutral ante el hecho religioso. Yo me considero liberal-libertario y rechazo que los católicos liberales en lo económico pero no en lo social, se arroguen la exclusividad del liberalismo como suele suceder en medios como Libertad Digital y otros medios conservadores españoles. Yo soy partidario del capitalismo, del libre mercado y de la libertad de culto, que empieza, si es que admitimos que el Estado tiene que existir como un mal menor, con un Estado laico: separemos economía y estado, del mismo modo que hemos de separar religión y estado. Economía y religión son cuestiones privadas que deben tener al Estado lo más lejos posible. Idealmente el Estado no debería existir y así no tendríamos que enfrentar estos problemas, porque cada uno podría hacer lo que quisiera en su espacio privado. Pero ya que existen instituciones de propiedad y financiación pública, lo justo es que sean neutrales ante la religión. Es una violencia intolerante e intolerable que el Estado financie con los impuestos que yo pago, credos, ideologías y organizaciones con las que no estoy de acuerdo, sean religiosas, políticas, culturales o de cualquier tipo. Así, como decía Benito Juárez, fundador del Partido Liberal Mexicano, "el respeto al derecho ajeno es la paz".

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Manifiesto ‘En defensa de los derechos fundamentales en Internet’

Copia, pega y pásalo

Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que…

1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.

2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.

3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.

4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.

5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.

6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.

7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.

8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.

9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.

10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

NOTA: Este manifiesto fue redactado conjuntamente por periodistas, bloggers e internautas, en una maratoniana sesión durante la tarde-noche de ayer. Si estás de acuerdo, difúndelo por todas las vías que puedas.

domingo, 22 de noviembre de 2009

El romanticismo escéptico: Zumalacárregui (1930), de Benjamín Jarnés

Amigos, acabo de publicar este artículo en Letras de Deusto. Puedo enviarle una separata a quien esté interesado, tan sólo dejádmelo saber:

Manuel Pulido Mendoza,
"El romanticismo escéptico: Zumalacárregui (1930), de Benjamin Jarnés", Letras de Deusto, ISSN 0210-3516, Vol. 39, Nº 122, 2009, pags. 77-112

Sinopsis

Algunos de los aspectos históricos y literarios más interesantes de esta biografía ya han sido adelantados, pero aún cabe profundizar más en ellos y señalar otros nuevos. Tras la revisión de estas aportaciones críticas hay, al menos, tres cuestiones que invitan a ser abordadas con un mayor detenimiento. La primera de ellas es la adscripción genérica del libro, de esta biografía entreverada de literatura e historia. La segunda, es en qué medida se puede calificar de románticos al personaje y al autor. La tercera es la controvertida cuestión de la lectura ideológica de la biografía de Jarnés. Es decir, ¿cuál era el posicionamiento ideológico de Jarnés en el momento en que en España acaba un régimen estatal y otro nuevo está a punto de comenzar?

lunes, 5 de octubre de 2009

P-Lib, Partido de la Libertad Individual. ¿Vuelven los radicales libres?


Llevo varios días siguiendo en Facebook los comunicados de un nuevo partido político fundado este verano, P-Lib, Partido de la Libertad Individual. Me llamó la atención un anuncio que vi leyendo una noticia en Público. Me dirigí al enlace y este me llevó a la página web, que para ser una opción tan pequeña y minoritaria, no está nada mal. Se definen como liberales-libertarios, aunque después de leer su programa político -liberal clásico en lo económico y liberal radical/libertario en lo social- yo lo definiría como partido liberal radical. Surfeando por la red extraña ver que la mayor atención se la han prestado los partidarios del libre mercado y los anarquistas individualistas. De todos han recibido críticas, de unos por ser demasiado liberales en lo social, de los otros, por no proponer la disolución del Estado y ser minarquistas. El P-Lib marca distancias con los C's y los de UPyD, al tiempo que con el Transnational Radical Party o los Radicales Italianos, pero es precisamente esta es la visión política la que mejor definiría el Manifiesto político fundacional del P-Lib: radicalismo democrático y liberal. Radicales en el sentido liberal, esto es, en ir a la raíz de las causas que facilitan o dificultan la emancipación individual.
El asqueamiento con el sistema político entero es un sentimiento social transversal que han intentado capitalizar los citados nuevos partidos de centro (C's y UPyD). Pero ninguno ha dado en el quid de la cuestión. Me parece que el P-Lib ofrece el programa político más refrescante de toda esta última democracia, varada en los colectivismos de izquierda y derecha, fruto claramente, de la cultura dirigida por las élites del posfranquismo y la transición.

Merece la pena la cita del Manifiesto político del P-Lib:

Frente a Ciudadanos y frente a Unión, Progreso y Democracia. Estas nuevas formaciones nos parecen de aluvión y su definición ideológica nos resulta confusa. Coincidimos a grandes rasgos con sus posiciones renovadoras y con su voluntad de quebrar el insoportable bipartidismo y liberar el sistema electoral de sus clamorosas injusticias y arbitrariedades. Pero nos separa de ellos su pensamiento ecléctico, calculadamente indefinido y polivalente, su errática búsqueda del centro convencional y sus preocupantes dosis de nacionalismo centrípeto, apenas disimuladas por su edulcorado lenguaje regeneracionista. Todas las formaciones políticas mencionadas coinciden en unas cotas elevadas
de estatalismo que nos resultan inaceptables. Disentir de ese planteamiento que les es común nos sitúa frente a todos ellos. Ellos son colectivistas y nosotros somos el único partido individualista porque creemos profundamente en el ser humano, en su capacidad y en su soberanía personal. En ese sentido, somos de alguna manera un partido antisistema, en la medida en que promovemos un cambio profundo del marco económico y político, y hasta del marco de valores éticos de nuestra sociedad, en vez de sumarnos a los consensos generalizados que perpetúan esos marcos y que en general comparten todos esos partidos. Por supuesto, planteamos esa disidencia frente al sistema desde el respeto a las demás opiniones y por medios civilizados y democráticos.


Carga por igual contra PP y PSOE por su colectivismos -cultura dirigista del consenso-. Pero esta misma cultura dirigista se observa en IU/PCE, en los nacionalistas y en UPyD. No por nada, Artur Mas le ha copiado a UPyD el eslógan "Lo que nos une" creando un efecto especular entre el neonacionalismo catalán y el español.

Sin duda, acabar con las listas cerradas y el sistema electoral actual hacia otro más proporcional sería un buen comienzo para regenerar la política española. Avanzar hacia el federalismo y el republicanismo democrático-liberal, también. El nacionalismo centrífugo no se puede combatir con uno nuevo centrípeto a lo Ciutadans ni tampoco la falta de democracia interna en los partidos, con personalismos a lo Rosa Díez.
Algunos dirán que para eso ya está IU, pero coincidimos con el Manifiesto del P-Lib:

Frente a Izquierda Unida. Coincidimos con Izquierda Unida en algunas de sus posiciones más beligerantes en cuanto a los derechos y libertades de la persona, y también en la exigencia de un Estado plenamente laico y de una jefatura democrática del mismo. Pero nos separa de esa formación su visión extraordinariamente colectivista de la economía y de la sociedad, nutrida en gran parte por el pensamiento comunista, una ideología totalitaria y criminógena que rechazamos como uno de los más trágicos errores de la humanidad.

Nada más oprobioso que los regímenes Chino, Cubano y el que pinta en Venezuela y satélites. No puedo votar a un partido que defienda cualquier dictadura.
Otros dirán que para defender el libre mercado ya está el PP/PSOE, pero la realidad es que estos partidos sólo sirven cada uno a su comunidad de lobbies e intereses. Para algo bueno que hace en economía el presidente Rodríguez Zapatero, va PRISA y se cabrea. Lo que deja a las claras el grado de libertad informativa del que gozamos antes con los gobiernos de Felipe González.

Celebro la fundación del P-Lib, tienen un programa muy inteligente y realmente nuevo. Radicalmente liberal en lo económico y en lo social. Se le puede criticar algunos detalles menores como su hincapié en la propiedad de la vivienda (para algunos la libertad individual quizás resida en no hipotecarse en un banco ni limitarse a una única vivienda fija a lo largo de una vida, que es cambiante en sus necesidades), su defensa algo acrítica de la energía nuclear (la acumulación de residuos nucleares no nos hace más libres) o el test, que habría que revisar para no pensar que está amañado: yo saqué una puntación de casi 800, con lo que debería irme rápidamente a afiliar.

Pero hemos de esperar a ver en qué queda la iniciativa: yo deseo el nacimiento de un partido liberal, republicano-radical nuevo y moderno que elimine el bipartidismo monolítico español y arrumbe con las camarillas del OPUS/PP y del PSOE/Nacionalismo centrífugo por igual. Yo, como muchos a izquierda y derecha, estamos cansados de los consensos dirigistas impuestos por los padres de la transición, queremos poder decidir el sistema político en el que hayamos que vivir el resto de nuestra vida. Una nueva generación de adultos tiene derecho a redefinir el país en el que quiere o tiene que vivir.

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