lunes, 5 de octubre de 2009

P-Lib, Partido de la Libertad Individual. ¿Vuelven los radicales libres?


Llevo varios días siguiendo en Facebook los comunicados de un nuevo partido político fundado este verano, P-Lib, Partido de la Libertad Individual. Me llamó la atención un anuncio que vi leyendo una noticia en Público. Me dirigí al enlace y este me llevó a la página web, que para ser una opción tan pequeña y minoritaria, no está nada mal. Se definen como liberales-libertarios, aunque después de leer su programa político -liberal clásico en lo económico y liberal radical/libertario en lo social- yo lo definiría como partido liberal radical. Surfeando por la red extraña ver que la mayor atención se la han prestado los partidarios del libre mercado y los anarquistas individualistas. De todos han recibido críticas, de unos por ser demasiado liberales en lo social, de los otros, por no proponer la disolución del Estado y ser minarquistas. El P-Lib marca distancias con los C's y los de UPyD, al tiempo que con el Transnational Radical Party o los Radicales Italianos, pero es precisamente esta es la visión política la que mejor definiría el Manifiesto político fundacional del P-Lib: radicalismo democrático y liberal. Radicales en el sentido liberal, esto es, en ir a la raíz de las causas que facilitan o dificultan la emancipación individual.
El asqueamiento con el sistema político entero es un sentimiento social transversal que han intentado capitalizar los citados nuevos partidos de centro (C's y UPyD). Pero ninguno ha dado en el quid de la cuestión. Me parece que el P-Lib ofrece el programa político más refrescante de toda esta última democracia, varada en los colectivismos de izquierda y derecha, fruto claramente, de la cultura dirigida por las élites del posfranquismo y la transición.

Merece la pena la cita del Manifiesto político del P-Lib:

Frente a Ciudadanos y frente a Unión, Progreso y Democracia. Estas nuevas formaciones nos parecen de aluvión y su definición ideológica nos resulta confusa. Coincidimos a grandes rasgos con sus posiciones renovadoras y con su voluntad de quebrar el insoportable bipartidismo y liberar el sistema electoral de sus clamorosas injusticias y arbitrariedades. Pero nos separa de ellos su pensamiento ecléctico, calculadamente indefinido y polivalente, su errática búsqueda del centro convencional y sus preocupantes dosis de nacionalismo centrípeto, apenas disimuladas por su edulcorado lenguaje regeneracionista. Todas las formaciones políticas mencionadas coinciden en unas cotas elevadas
de estatalismo que nos resultan inaceptables. Disentir de ese planteamiento que les es común nos sitúa frente a todos ellos. Ellos son colectivistas y nosotros somos el único partido individualista porque creemos profundamente en el ser humano, en su capacidad y en su soberanía personal. En ese sentido, somos de alguna manera un partido antisistema, en la medida en que promovemos un cambio profundo del marco económico y político, y hasta del marco de valores éticos de nuestra sociedad, en vez de sumarnos a los consensos generalizados que perpetúan esos marcos y que en general comparten todos esos partidos. Por supuesto, planteamos esa disidencia frente al sistema desde el respeto a las demás opiniones y por medios civilizados y democráticos.


Carga por igual contra PP y PSOE por su colectivismos -cultura dirigista del consenso-. Pero esta misma cultura dirigista se observa en IU/PCE, en los nacionalistas y en UPyD. No por nada, Artur Mas le ha copiado a UPyD el eslógan "Lo que nos une" creando un efecto especular entre el neonacionalismo catalán y el español.

Sin duda, acabar con las listas cerradas y el sistema electoral actual hacia otro más proporcional sería un buen comienzo para regenerar la política española. Avanzar hacia el federalismo y el republicanismo democrático-liberal, también. El nacionalismo centrífugo no se puede combatir con uno nuevo centrípeto a lo Ciutadans ni tampoco la falta de democracia interna en los partidos, con personalismos a lo Rosa Díez.
Algunos dirán que para eso ya está IU, pero coincidimos con el Manifiesto del P-Lib:

Frente a Izquierda Unida. Coincidimos con Izquierda Unida en algunas de sus posiciones más beligerantes en cuanto a los derechos y libertades de la persona, y también en la exigencia de un Estado plenamente laico y de una jefatura democrática del mismo. Pero nos separa de esa formación su visión extraordinariamente colectivista de la economía y de la sociedad, nutrida en gran parte por el pensamiento comunista, una ideología totalitaria y criminógena que rechazamos como uno de los más trágicos errores de la humanidad.

Nada más oprobioso que los regímenes Chino, Cubano y el que pinta en Venezuela y satélites. No puedo votar a un partido que defienda cualquier dictadura.
Otros dirán que para defender el libre mercado ya está el PP/PSOE, pero la realidad es que estos partidos sólo sirven cada uno a su comunidad de lobbies e intereses. Para algo bueno que hace en economía el presidente Rodríguez Zapatero, va PRISA y se cabrea. Lo que deja a las claras el grado de libertad informativa del que gozamos antes con los gobiernos de Felipe González.

Celebro la fundación del P-Lib, tienen un programa muy inteligente y realmente nuevo. Radicalmente liberal en lo económico y en lo social. Se le puede criticar algunos detalles menores como su hincapié en la propiedad de la vivienda (para algunos la libertad individual quizás resida en no hipotecarse en un banco ni limitarse a una única vivienda fija a lo largo de una vida, que es cambiante en sus necesidades), su defensa algo acrítica de la energía nuclear (la acumulación de residuos nucleares no nos hace más libres) o el test, que habría que revisar para no pensar que está amañado: yo saqué una puntación de casi 800, con lo que debería irme rápidamente a afiliar.

Pero hemos de esperar a ver en qué queda la iniciativa: yo deseo el nacimiento de un partido liberal, republicano-radical nuevo y moderno que elimine el bipartidismo monolítico español y arrumbe con las camarillas del OPUS/PP y del PSOE/Nacionalismo centrífugo por igual. Yo, como muchos a izquierda y derecha, estamos cansados de los consensos dirigistas impuestos por los padres de la transición, queremos poder decidir el sistema político en el que hayamos que vivir el resto de nuestra vida. Una nueva generación de adultos tiene derecho a redefinir el país en el que quiere o tiene que vivir.

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