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jueves, 6 de febrero de 2014

Licas & Güiri Güiri

Licas & Güiri Güiri
Los amigos de la joven productora guatemalteca INVT  y los dueños de la Ferretería el Globo de Guatemala nos invitaron el pasado sábado a una noche muy especial y llena de magia en las instalaciones de la vieja ferretería situada en la Zona 1 de la ciudad.

Cocktail de inauguración y presentación de un grupo de cinéfilos fue seguido del siguiente menú:

Menú de Licas & Güiri Güiri

  • Entrada: December Lights (3 min, Dir. Rodrigo Jo, Guatemala, 2013). Un corto publicado en Vimeo con planos timelapses que nos muestran la Ciudad de Guatemala desde otro punto de vista. 

Guatemala City, December Nights from Rodrigo Jo on Vimeo.


  • Plato principal: 2081 (28 min, Chandler Tuttle, EEUU, 2009) Una desasosegante distopía basada en un cuento del genial escritor Kurt Vonnegut que cuenta qué pasaría en un mundo todo el mundo fuera obliglado a ser igual. Producida por la interesante productora Moving Picture Institute. Dejamos un trailer:




  • Postre (algo más dulce siempre): Tanghi Argentini (13 min, Guy This, Bélgica, 2006). Un corto donde nada es como parece. Nominado al Óscar y ganador de la sonrisa del público.



Como se puede uno imaginar a este Licas le siguió su Güiri Güiri correspondiente, pero eso es algo que quedó entre los contertulios. Si están en Guatemala y no fueron, ahora ya saben que no podrán perderse la próxima.

domingo, 18 de agosto de 2013

#Elysium, una película culturalmente tóxica [SPOILER incluido, pero no te pierdes nada]

Hace un par de días volví a un cine de verano con unos amigos para quitarnos los calores de agosto y decidimos ir a ver Elysium (2013, guión y dirección del sudafricano Neill Blomkamp).

Se trata de una producción de efectos especiales de ciencia ficción y escenas de acción que no tienen nada que envidiar a cualquier otra producción hollywoodiense al uso. Eso sí, nada originales, todas referencias copiadas de clásicos anteriores de la ciencia ficción distópica como Mad Max, Robocop, Blade Runner, Soylent Green, Star Wars, 2001 Odisea en el espacio, etc. Quién tenga sólo ese horizonte de expectativas no se sentirá defraudado.

Para los que buscamos también mensajes, o esperamos arte narrativo o discursivo, la película deja mucho que desear, por simplista y manida en sus planteamientos narrativos llenos de lugares comunes y un enfoque ideológico bastante incoherente, pero no por ello menos peligroso.

La sinopsis se puede resumir en que a mediados del siglo XXII la Tierra está hecha un asco reseco, contaminado y superpoblado -al menos la parte que se muestra, que es la ciudad de Los Ángeles- y la clases privilegiadas viven en una especie de colonia-satélite que le da nombre a la película y que son una referencia a los Campos Elíseos de la mitología grecolatina.

El protagonista, interpretado por Matt Damon, es un chico criado en los suburbios chabolistas de Los Ángeles, niño de orfanato que sueña con llegar algún día a la estación espacial donde se promete la vida ociosa y ajena a la enfermedad gracias a unas máquinas que son capaces de realizar la regeneración celular y de tejidos sanos de cualquier persona enferma o que haya sufrido mutilaciones. Hay una chica, el amor de toda la vida, que ha sido madre soltera de una niña con leucemia y es enfermera, lo que propicia el reencuentro con el héroe con la excusa de un brazo roto en un encontronazo con un policía-robot y por un accidente laboral que lo somete a radioactividad.

El tiempo de vida se le acorta y recurre a una especie de banda de traficantes de personas que mandan naves de ilegales a Elysium para curarse en las máquinas descritas. La banda, que estéticamente parece una banda callejera de Latin-Kings o algo así, son también piratas informáticos y le proponen ayudarle a cambio del secuestro de un ciudadano de Elysium que tenga las claves de entrada a cuentas bancarias, códigos de acceso y otro tipo de información privilegiada.

La casualidad hace que el malvado elegido, un directivo de una empresa de robótica militar, Carlyle, sea cazado en el momento en el que no se sabe muy bien por qué se ha hecho con el "sistema operativo" que permite reprogramar el sistema entero de Elysium. Hay una banda de mercenarios que trabajan para la ministra de defensa de Elysium interpretada por Jodie Foster y al final, tras muchas escenas de acción y peleas, gracias a la fuerza sobre-humana que le da al protagonista un exoesqueleto robótico, consigue vencer a los malos y reempezar el sistema del satélite con la información extraída de la memoria robótica de Carlyle y que lleva el protagonista y conseguir darle sanidad gratis a la población de la Tierra. Por qué, para qué y cómo son preguntas sin respuesta, porque menos la chica y su hija todos los demás personajes mueren en las escenas de acción. El protagonista es una especie de Cristo redentor de los pobres que supuestamente muere por los demás.

La cantidad de incoherencias y de ideas panfletarias que incluye son innumerables. A ver si podemos hacer cuenta de varias, al menos las que más me han llamado la atención,  porque culturalmente es una película tóxica.

La primera es que la distopía de superpoblación es un contexto dado y no se explica por qué se ha producido. Una sociedad tan avanzada tecnológicamente que posea androides robóticos y que no tiene la posibilidad de una planificación familiar con anticonceptivos es un contrasentido. Un aumento de población y un avance tecnológico como es descrito llevaría a una mayor productividad y riqueza general. Comparado con el Nueva York de Soylent Green, ni siquiera se para a explicar la catástrofe ecológica que pudiera estar detrás de esta situación. Aunque digo yo que en una catástrofe ecológica de esta magnitud, lo que ocurriría sería un descenso de la población, no un aumento. Pero en fin. Comparado con el Los Ángeles de Blade Runner, esta ciudad no sufre de monzones asiáticos e inmigración del otro lado del Pacífico, sino más bien de una mexicanización del paisaje y del paisanaje.

A esta situación absurda y contradictoria de superpoblación, pobreza y desarrollo tecnológico, se suma un planteamiento bastante racista en un doble sentido. Siendo el grueso de la población de Los Ángeles futurista hispana o latina, el protagonista redentor de los pobres es un blanco rubio de ojos azules, Matt Damon -¿por qué no un latino de piel más oscura?- No se explica. Max da Costa, nombre portugués, ¿antecendentes genéticos de un brasileño-alemán en Los Ángeles? No queda claro qué hace un blanco perdido en una tierra de pieles oscuras. Por otro lado el mundo elitista de Elysium es un mundo de blancos que hablan francés (¿?) en donde aparecen algunos asiáticos, o mestizos de asiáticos de refilón, en papeles secundarios. No se explica por qué la gente fina de la estación orbital habla francés, cuando Francia es uno de los países más estatalizados y más estancados de la UE, con un programa espacial misérrimo. ¿Eurofobia? ¿Complejo de culpa de un director sudafricano de raza blanca en un país de mayoritariamente negro y con un pasado y presente lleno de conflictos racistas -antes contra negros, ahora contra blancos-? Por supuesto, los mercenarios fascistas son sudafricanos blancos, por lo que deducimos de la bandera en la nave espacial, porque del acento nada puedo decir -en España siguen con la maldita costumbre de doblar todas las películas comerciales-. No soy el único que opina que es un film que, en su antirracismo, cae en el racismo inverso, el odio al blanco, sobre todo si es propietario:


 

En su supuesto anticlasismo, es una película clasista, porque se opone a la propiedad privada que podría permitir prosperar a las clases depauperadas, que salen como masa desmoralizada, incapaz de valerse por sí misma como no sea para delinquir. Y finalmente la solución es que un héroe y sus compinches -no se sabe en qué momento los traficantes se convierten en una guerrilla comunista latinoamericana con referencias icónicas a los Castro, Che y Camilo Cienfuegos- una clase "con conciencia política" y supuestamente redentora, se haga con el control del sistema y lo cambie para el supuesto beneficio de una masa incapaz de valerse por sí misma. Que el dueño de una fábrica se llame Carlyle, como el historiador liberal inglés del siglo XIX, es otro golpe bajo, que sólo carga las tintas en la manida visión del empresario como explotador sin alma, partidario del darwinismo social más feroz. Nada se explica de por qué la gente vive en la marginación, sin otra alternativa al paro o al trabajo inhumano en la fábrica que la delincuencia. ¿Por qué no pueden emprender las masas populares? La violencia estatal, verdadera causante de la represión en el filme, sale impersonificada como autómatas. Como si el estado fuera una maquinaria averiada y no una casta de personas a cargo del monopolio de la violencia y sus prebendas.

Otra de las paradojas culturales de este filme es el rol de la mujer. Siguiendo el tópico medieval del caballero andante y la princesa en apuros, la mujer es incapaz de defenderse por sí misma, sobre todo en escenas que insinúan una violación inminente por el villano. El mensaje sigue siendo "sin un hombre que las proteja y defienda, las mujeres están indefensas". Las mujeres no pueden salir de su rol de madres, hermanas, hijas, mujeres que dan cuidados -monja de un orfanato, enfermera-, porque si salen de él sólo saben tomar champán en bikini en las fiestas de Elysium o son profesionales de éxito amargadas en su soledad en la cumbre -posiblemente porque no encontraron el amor y no tuvieron hijos- y que sólo les queda en la vida ambicionar más poder. Es el caso del personaje interpretado por Jodie Foster, de la que cuesta entender que haya podido aceptar este papel bastante ofensivo con las mujeres profesionales sin pareja o hijos. Claramente para el guionista una mujer así está en un lugar equivocado, porque fracasa en su capacidad de mantener bajo control el Ministerio de Defensa -se le cuelan inmigrantes, después sucumbe ante un golpista fascista y finalmente ante la revolución socialista-. El mensaje implícito es que si quieres mantener el poder en orden, no pongas a mujeres al cargo porque la terminan pifiando: primero maquinan fuera del sistema y acaban liándola. Luego no son capaces de controlar lo que empiezan. Un film que supuestamente tiene un discurso progresista en su antirracismo (racista), es tremendamente conservador en su discurso de género -sólo la testosterona domina o salva el mundo-. ¿Un dardo obamita contra Hilary Clinton? ¿Negritud vs feminismo? Ahí queda la película para que cada uno o una juzgue por si mismo o misma.

Porque además del guiño a la población latina de los EEUU -por la crítica a las políticas de inmigración restrictivas de la frontera estadounidense-, el discurso sanitario de la película es el de Obamacare gratis para todos. Nada se habla de porqué la sanidad en la Tierra está masificada y es insuficiente, ni cómo o quién va a pagar el coste de las máquinas que devolverán la salud a los "negritos" de la última escena de la película. Ni qué consecuencias tendría una política de regeneración celular automática en una Tierra superpoblada. La visión paternalista de asunto es bastante apestosa y es el punto de vista progre, bastante clasista en el fondo, que considera que los pobres son inútiles que no podrían sobrevivir sin la asistencia estatal o de un ente socialmente superior. Como también Percival Manglano ha visto, pareciera que curar a la gente fuese sólo una cuestión de voluntad política y que prescindiera de los médicos -el criterio profesional y económico no se tiene en cuenta en ningún momento-.

En resumen, es una película conservadora, retroprogre hasta cuando pretende ser progresista, un film supuestamente futurista que nada más salir ya está anticuado en su estética repetitiva, sus argumentos manidos, hasta reaccionarios, y su contenidos culturales tóxicos que sólo propone las soluciones fracasadas de siempre: más estatalismo, más asistencialismo, más gasto público.

Un discurso asistencialista/paternalista que como ya ridiculizaba Glutamato Ye-ye en los ochenta, se resume en afirmar que "todos los negritos tienen hambre y frío, tú pones tu granito que yo ya pondré el mío... sólo necesitan una mano amiga para caminar".






jueves, 8 de diciembre de 2011

¿Tienen los Walking Dead mente?

Me preguntan en casa si los zombies tienen mente mientras vemos la serie The Walking Dead en laSexta. En el momento, atrapado por la intriga de la ficción no pude contestar, pero ahora me animo a dejar esta reflexión en el blog. No, son figuras de la ficción. No existen de modo literal, los zombies o muertos vivientes. Lo vivo está vivo, lo muerto está muerto. Muerto viviente es un oxímoron, una contradicción racional y lógica en sí.

Los únicos muertos vivientes que existen son los residen en nuestra propia mente y son creados por nuestra memoria, que nos hace sentir como si estuvieran vivas, situaciones o personas o lugares o emociones o sensaciones que hace tiempo que murieron o pasaron. El zombie no es más que una metáfora que expresa nuestro apego, sufrimiento y dolor por el recuedo de las cosas muertas, por aquellas cosas o personas o situaciones que ya pasaron en nuestra vida pero a las que nos aferramos causando y causándonos dolor. En otras ocasiones se les llama fantasmas del pasado. Son proyecciones de nuestra mente no seres con mente.

Cuando lo fantástico aparece en la ficción está remitiendo a una expresión de la locura, de la neurosis en la que todos vivimos. Es una expresión de neurosis colectiva por la muerte de un época dorada que ya ha pasado. La aparición de fantasmas o seres sobrenaturales o de terror siempre ocurre en las épocas de crisis, de pérdida. Nosferatu, El Gabinete del doctor Caligari, y otros clásicos del terror aparecen en la Alemania de la República de Weimar, un momento de crisis total y anticipan el horror del nazismo. Del mismo modo, Godzilla en Japón es una sublimación de la bomba atómica de Hiroshima y Nagasaki o la ciencia ficción americana de los años 50 (el monstruo del pantano, las invasiones alienígenas) son una proyección del miedo a ser infiltrados y conquistados por los comunistas. La matanza de Texas, Viernes 13, El exorcista, no se entiende sin la crisis del petróleo y la reconversión industrial de de finales de los setenta y principios de los ochenta.

Y así todo. Los Walking Dead no son más que la proyección del miedo a que nuestro cómodo Estado del Bienestar se venga abajo. Los muertos vivientes en los hospitales no son más que una proyección de la crisis sanitaria que vamos a vivir en una sociedad envejecida sin dinero para pagar una sanidad pública o pensiones para sus mayores.

domingo, 19 de octubre de 2008

Vicky, Cristina, Bullshit



Para los que no hayan ido todavía a ver la última película de Woody Allen, Vicky, Cristina, Barcelona y todavía tengan curiosidad, que no la vean doblada, se perderían la única gracia que tiene la película, que son los diálogos locos entre el inglés y el español de Bardem y la Cruz. ¿Una metáfora de la resistencia del cine europeo a las producciones de Hollywood en un negocio cada vez más globalizado? Después de una sobredosis de barbitúricos, el personaje de Penélope, una neurótica que grita en español sin parar, tiene que escuchar el grito de Bardem en inglés diciendo "In this house, we speak English!". Secretos de la coproducción de un país en crisis económica, pero también identitaria, creativa y moral. Ya todos sabemos que el español es la segunda lengua de EEUU y la más vital.

Las reseñas gringas que he leído la clasifican de comedia romántica con personajes pintorescos. La verdad es que en lo último, el pintoresquismo, estoy de acuerdo. Si fuese asturiano o barcelonés estaría muy cabreado por retratar Cataluña y Asturias como si de la Andalucía inmortal se tratara. La escena del guitarrista de flamenco en Oviedo es patética y quien no sepa nada sobre Cataluña, tras esta película no sabrá que es una zona de España que tiene dos lenguas cooficiales. El personaje de Vicky, que supuestamente está haciendo un Máster en Cultura Catalana, no sabe español, y el catalán, no creo que sepa que exista. Eso sí, Juan Antonio (Bardem) es un pintor catalán nacido y criado en Asturias. Igual esto es lo único cierto de la película, porque el único que habla con acento catalán es el personaje del padre de Bardem, un viejo retirado en un caserío asturiano en la montaña.
El estilo desarrollado se asemeja mucho al de Rohmer, a lo Pauline en la playa. De hecho los paisajes que muestra son un tanto anacrónicos y anatópicos (¿flores en julio en un clima mediterráneo? ¿luz mediterránea en Asturias?) y pareciera que Cataluña en este film fuera algo entre la Provenza francesa y la Toscana italiana.

Lo de comedia romántica, pues a medias. La película no es más que una historia de ricos neoyorquinos durante sus vacaciones en España. No veo mucho romanticismo, sino más bien una crítica mordaz del precio que la burguesía estadounidense paga por las obligaciones de su clase, en especial las mujeres. Quieren libertad y aventura, pero eso es un lujo que sólo pueden permitirse a medias, o en breves dosis, si quieren conservar el matrimonio y los ingresos de los maridos de los que dependen.
Todo el mundo critica el personaje de Cristina (Scarlett Johannson) como el más soso y plano de la historia. Pero creo que es el más positivo de todos. Es el único personaje que está abierto a probar y experimentar y que toma sus propias decisiones sin arrepentimientos. Los demás son marionetas de sus neurosis. Vicky, la predecible y futurible aburrida ama de casa, se acerca lo justo al abismo de la bohemia para darse cuenta que pone en riesgo su bienestar burgués y que no está dispuesta a perder. Cristina experimenta un poco por libre, aprende y se da cuenta que no quiere prolongar de modo indefinido su triangulo amoroso con los españoles locos. Juan Antonio es un don Juan que está con todas porque no puede estar con la que quiere. María Elena es la doña Juana, y ahí quizás resida la ironía más fina de Allen al mostrar al macho subyugado por una hembra dominante, por muy loca que esté (ella le enseña a él y a Cristina los secretos de la creatividad y del amor). Este personaje es un tanto histriónico, pero es el mismo que ha hecho Penélope Cruz a lo largo de su carrera, así que lo borda. Y sí es cierto que es su aparición lo que hace que la película remonte el vuelo. El personaje tiene tanta fuerza, que es un claro contraste con las sosas niñatas neoyorquinas que dan título a la cinta. Barcelona en el título está por Cruz y el embrollo, pero también por esa realidad exterior a Estados Unidos que lo está sobrepasando en todos los ámbitos, económico, político, social y cultural. Claramente su proyecto de una globalización americana es un tiro que se escapa por la culata.
Creo que existe en Allen un cierto complejo de inferioridad por ser estadounidense. Se avergüenza de su país, de su cultura popular chafardera y la ignoracia de sus gentes en todas las clases sociales y claramente envidia la rica vida cultural europea. América es tan predecible, tan conservadora, que mira con envidia hacia una Europa creativa, cultural y socialmente mucho más avanzada que este país de tenderos sin raíces históricas. Envidia la sofisticación y la apertura de mente de los escandinavos en los sesenta, pero también ahora las de los españoles en el siglo XXI. La envidia queda resuelta con un cierre bastante conservador de la historia. Las vacaciones de estas chicas no han sido más que eso, turismo, una anécdota en medio de su presumible futuro de rutina en una sociedad de señoras de oficinistas con más o menos dinero, pero con un gran vacío en el alma. La imagen que proyecta de España es pintoresca, pero dice más de Allen que de España y sus gentes. Nos envidia y prefiere retratarnos como unos locos que dan demasiado poder a sus mujeres, beben demasiado vino y fuman y se preocupan tan sólo de vivir la vida de modo intenso y, por tanto, potencialmente peligroso. A Woody Allen le aburren terriblemente las señoras burguesas de Nueva York y sus ejecutivos, pero lo que más le aterra es que él también sea parte de ese mundo aburrido y predecible del dinero y el beneficio calculado.

lunes, 24 de marzo de 2008

Sputnik Mania





Ayer tuve la oportunidad de ver este documental, que recomiendo fervorosamente. Es un poco en la línea del "Mundo Viejuno" de Muchachada Nui. Posthumorismo algo macabro sobre los usos políticos que se hicieron en EEUU tras los lanzamientos de los Sputniks soviéticos. Comenzó una peligrosa carrera militar por el dominio del espacio mediante misiles. De fondo está el retrato del Presidente Ike Eisenhower, un viejo general de la Segunda Guerra Mundial y el gesticulante y bocazas Krushev. Una reunión de los dos mandatarios despejó los recelos mutuos que hubiera llevado a la destrucción del planeta. ¡Qué estúpidos somos los seres humanos! Esa vez hubo suerte de que al mando estuvieron dos viejos militares que conocían bien los costes de las guerras y tuvieron el valor de ponerse de acuerdo para que la paz prevaleciese. Eisenhower consiguió finalmente arrebatarle a los militares la dirección de la carrera espacial -llevada por el ex-nazi Von Braun- y crea la NASA, que con todo lo que se le pueda criticar, es al menos una agencia civil. Muy recomendable. Para más información, aquí pongo la web que contiene algunos clips de los mejores momentos del film.

http://www.sputnikmania.com/

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