jueves, 26 de enero de 2012

La concepción islámica del dinero es libertaria (o casi)

En algún otro post hemos comentado la extraña relación de paralelismo que existe entre la concepción islámica del dinero y la que tenemos los libertarios partidarios del patrón oro.

Esta clase del Sheik Imran Hosein, vuelve sobre el tópico y quisiera compartirla con todos para tener una visión más ponderada del Islam. Si dejamos a un lado las referencias coránicas y la idiosincrasia de los países árabes y la cultura islámica, lo que viene a decir en términos simples y perfectamente entendibles es que para el mundo islámico clásico el dinero era materias primas, commodities, que servían para los intercambios comerciales, medida para el cálculo del valor y como medio de atesoramiento del valor por su incorruptibilidad (o resistencia al tiempo) y fácil divisibilidad. Citando al Profeta Mahoma, para el islam clásico el dinero era el oro, la plata, los dátiles, el trigo, la cebada y la sal. Idealmente los metales preciosos, pero ante su falta o escasez, aquello que se podía almacenar durante tiempo y cambiar por otros productos. Para el Islam el cambio de dinero por dinero con interés es riba, usura y es pecado (haram), porque su uso sistemático desposee a los más pobres de sus propiedades y enriquece más a los ricos. Es interesante que para esta cultura surgida en un pueblo de pastores nómadas y agricultores no se cuestiona la propiedad privada, sino el uso de la usura, esto es, la devaluación de la riqueza atesorada por el dinero. Los economistas criticarán la visión demasiado simple de ver todo préstamo como usura o la visión de la economía y el comercio como un juego de suma cero (carecen de la visión subjetivista del valor que ha desarrollado la teoría austríaca por una visión metafísica o revelada del valor) pero, con todo, da en el clavo en algunas cuestiones esenciales, al menos para los libertarios.


A partir de estos principios, el Sheik analiza el sistema monetario internacional a partir de la creación del modelo de banca central (Banco de Inglaterra y la Reserva Federal) y el progresivo abandono del patrón oro por la moneda fiduiciaria lo que considera el arma más potente del Anticristo (Dajjal) el imperio. Muy sabiamente critica no sólo el papel moneda, sino lo que ha de venir tras la ecatombe financiera que se está gestando (el fin del dólar como divisa de referencia internacional), la creación del dinero electrónico, que permitirá trazar todas nuestras transacciones y evitar el anonimato en el uso del dinero. En este esquema monetario no sólo se está produciendo la mayor estafa a nivel mundial y la mayor transferencia de riqueza de las masas a una élite imperialista, sino las bases de nuestra esclavitud. La respuesta, en palabras de un hombre religioso no puede ser otra, es la vuelta a la moralidad islámica. Si nos sustraemos de toda explicación metafísica, tiene razón en decir que las únicas riquezas reales son los alimentos, los recursos naturales, y la vuelta al patrón oro o bimetálico, que en el mundo islámico remite al dinar de oro y el dirham de plata. La única respuesta posible es salir de la lógica del sistema sostenido en deuda a nivel supranacional (el dólar y el euro), nacional (la deuda pública) y privada (deudas de empresas y particulares) y volver a uno sostenido en riqueza real atesorada, ahorros (tierras fértiles, commodities y oro). Lejos de una llamada a la autarquía o al decrecimiento, una vuelta a la racionalidad y ética económica debe partir del reconocimiento de este error o crimen que es vivir a costa de los demás, de su esclavitud.

Independientemente de lo que opinemos cada uno de la religión musulmana, y si obviamos los tonos judeofóbicos de su discurso (hay que diferenciar la élite financiera, independientemente de su credo o fe y el pueblo israelí o los judíos, víctimas igual que todos los demás de esta estafa monetaria) creo que su visión económica es de interés y quizás remita a una verdad moral última: nadie tiene derecho a desposeer a otra persona de sus propiedades legítimas, nadie tiene el derecho a sojuzgar y someter a otro mediante la deuda y la usura, mediante la estafa o el engaño, nadie debe cambiar los acuerdos contratos libremente acordados entre dos partes. Nuestro sistema financiero y bancario es una gran estafa masiva que nos está desposeyendo de nuestra riqueza mediante la inflación y la reserva fraccionaria, y esto es evidente a cualquier persona racional y ética. Y lo que es peor, está sellando las bases de nuestra esclavitud, el fin de nuestra libertad. Salam al'Islam.

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