domingo, 6 de diciembre de 2009

En el día de la Constitución, a favor de la reforma constitucional

Me estaba gustando el artículo de Víctor Sampedro en Público hasta que salió a relucir el Estatut. ¿Qué legitimidad democrática tiene un texto aprobado por una mayoría relativa -el 50% de los catalanes se quedó en casa y no fue a votar y el Estatut está apoyado por sólo 1/3 de los votantes catalanes-?
Para los que concebimos la nación, el estado, de modo contractual, sólo puede haber una nación, la nación política consagrada por las leyes del Estado de derecho. Si algunos catalanes quieren ser nación, esto es, un estado, que planteen directamente la secesión en urnas. Ah no… que como dice Artur Mas, harían el ridículo en las urnas… Están esperando a dominar bajo su marco mental las siguientes generaciones de ciudadanos que nazcan o vivan en Cataluña y entonces plantear la secesión.
Yo también soy republicano (antimonárquico), laicista (anti estado confesional o "aconfesional"), federalista (pro subsidiariedad en la administración pública, eficiente, coordinada y reducida en sus diferentes niveles globales, europeos y regionales) e internacionalista (pro libre mercado y pro asociación universal): no hay nada más retrógrado que el nacionalismo, sea éste español, catalán, vasco o estonio. Cuánta estulticia en la izquierda española y en la derecha retrógada y casposa.

Lo único que no ha vuelto desde la II República a España es la existencia de demócratas liberales de verdad: por lo demás, tanto derechas como izquierdas son presa de los colectivismos más absurdos e irracionales que no respetan a los individuos que son librepensadores y quieren vivir libres del dominio de cualquier colectividad (llámese nacionalismo español o localismo regional, iglesias y religiones, estatalismos varios, monopolios económicos de cualquier tipo).

¡Por favor que surja de nuevo un Partido Demócrata-Liberal Radical en España!
Reforma constitucional, republicana y federal, sí, pero a ver si la política española en todo el arco parlamentario se decide a superar los esquemas ideológicos de la restauración del siglo XIX. Esta Segunda Restauración es tan patética como la primera. Una partitocracia muy poco democrática, poco más que la herencia fragmentada del Movimiento Nacional franquista.

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