domingo, 30 de marzo de 2008

Matanza en Arkansas: "Shotgun stories"






Aquellos a los que les gusten los dramas rurales pueden disfrutar con "Shotgut Stories" de un retrato de los Estados Unidos profundos y una parábola social del modo de ser americano.

Un padre muere dejando atrás dos mujeres y dos familias. Una disfuncional con tres hijos, tras una relación acabada en divorcio y en violencia -no se explica por qué-, y otra nueva, en donde el señor había conseguido rehacer su vida y tener otros cuatro hijos con otra esposa. En el funeral se presentan los hijos del primer matrimonio y, tras las alabanzas al difunto que se escuchan en todos entierros, el mayor de los hijos disfuncionales pide la palabra. Enfrente de la otra familia de su padre declara que ese hombre había sido un hijo de puta, una mala persona y escupe sobre el ataúd. La escena es de una tensión terrible y quizás la mejor de la película.

En ese momento comienza una escalada de represalias entre los dos grupos de hermanastros en donde el rencor, el resentimiento, el miedo y la furia sólo consiguen retroalimentar esta espiral de odios. La anécdota en sí y el fin de la historia es lo menos importante. Lo más interesante es la construcción de los personajes, especialmente de estos tres hermanos disfuncionales protagonistas de la película, de los que no sabemos mucho de su pasado, pero que se adivina en su presente de treintañeros con pinta de haber perdido todo antes de empezar la vida.

El mayor está casado, pero separado y a punto de divorciarse de la mujer por su afición al juego: cree que puede estudiar un método para vencer al azar y a la mala suerte. El mediano, vive en una tienda de campaña en el jardín de la casa del mayor, tan sólo fuma como un turco y está desmoralizado porque no puede afrontar con seguridad económica y material lo necesario para formar un hogar con su chica. El tercero vive en una furgoneta que suele tener aparcada en un pantano y sueña con ser entrenador de baloncesto infantil, pero no es capaz ni de arreglar la radio del furgón.

El rodaje en los páramos de Arkansas, con unas puestas de sol asombrosas entre los campos de algodón, de maíz y los pantanos, sirve de contrapunto y refuerza la caracterización de estos seres alienados y destrozados por un pasado nunca explícito, con una autoestima muy baja y con un carácter inseguro y reservado. Es un retrato de perdedores, al que hay que añadir el del inefable colega "Shampoo", otro "looser" de pelo pringoso y gafas que vive dentro de un cadillac desde que su caravana salió ardiendo con él dentro. Alguien que puede ser considerado como el personaje del tonto del pueblo o el bufón que va con el cuento de un lado a otro, envenenando con su ignorancia como aquel gato que se sale ardiendo de al lado de la estufa e incendia en su carrera todo un pajar. Un Puertohurraco a la americana, pero en unos páramos que bien podrían ser los de cualquier tierra llana dedicada a la agricultura de extensión y con pantanos de regadío: Extremadura, Castilla-Mancha, el Guadalquivir, Murcia.

Recuerdan un poco a los personajes de la serie "Me llamo Earl", pero casi sin pizca de humor. Están retratados con un realismo tierno en los momentos líricos, intimistas o introspectivos, pero que se vuelve descarnado en este retrato social de "red necks", de unos trabajadores del campo del medio oeste rural. El problema de la vivienda para la gente sin recursos es otro de los temas que surgen dentro del film. Asusta un poco ver que en Estados Unidos se puede ser una persona joven, con relativa buena salud para trabajar y no ser capaz de poder pagar siquiera el alquiler de una casa modesta, y que sea necesario, pese a tener trabajo, vivir como un vagabundo sin casa. Es un hecho simbólico en la película, que muestra la fragilidad psicológica de estas personas que no tuvieron un hogar en su infancia, sin una familia que los apoyara y protegiera. No obstante, podemos encontrar una denuncia velada de cómo los pobres, los que no tienen ni una familia normal, viven en este país en una completa indefensión, en la ausencia total y absoluta de asistencia social o pública estatal. La ausencia de compasión de esta sociedad lleva a la incapacidad para pedir disculpas y para perdonar. Este resentimiento acumulado tan sólo puede engendrar la erupción de la violencia repentina en situaciones que no analizan ni cuestionan el marco social más amplio en el que surgen. Cuando a alguien se le desposee de todo, hasta de la esperanza para mejorar, la sangre se le vuelve negra y se masca la tragedia.

Si esto es América, es un país muy feo, salvaje y deprimente. Bastante inseguro de sí mismo, injusto con sus propios hijos, asustado, que cree que puede solucionar todo a tiros y con venganza y violencia. La película denuncia este carácter vengativo del país de la bandera de barras y estrellas y ofrece un resquicio a la esperanza al final. Sin embargo se trata de un esperanza frágil, basada en la fuerza de los individuos para superar los problemas y las pulsiones destructivas, pero no plantea la crítica social de modo abierto, ni cuestiona abiertamente el problema de fondo: protección social inexistente y excesiva facilidad de acceso a las armas de fuego. Moralina a la gringa, superficialy ya les debe parecer mucho para una película independiente. Con todo, es un estupendo largo de personajes y paisajes que sabe mantener la tensión hasta el final.

Más información en: http://www.shotgunstories.com/

DIRECTOR
Jeff Nichols (b. 1978) is a writer and director born and raised in Little Rock, Arkansas. He graduated from the North Carolina School of the Arts, School of Filmmaking in 2001. In addition to Shotgun Stories, Nichols has written and directed six short films. Since graduating, Nichols has worked on several feature films including Gary Hawkins's, The Rough South of Larry Brown and Margaret Brown's Be Here to Love Me, A Film About Townes Van Zandt. Nichols currently lives in Austin, Texas. Shotgun Stories is his feature directorial debut.

There is no victory in revenge. This is an idea I chose to explore with Shotgun Stories, a film tracking a feud that erupts between two sets of half brothers following the death of their father. So often in literature, film, politics and society, revenge, and more importantly the execution of revenge, is considered success. Whether it's Edmund Dantes fulfilling his pledge to ruin Danglars in The Count of Monte Cristo or Hans Gruber falling to his death in Die Hard, the euphoric feeling we get as an audience watching the villain meet his or her comeuppance is undeniable. With Shotgun Stories, I wanted to work against this notion. I wanted revenge to be an awkward thing to exact and a cause not necessarily championed by the audience. Violence is an unusual task for these characters, just as it is for most people. Their anger and emotions are validated, but their reactions to those emotions are not precise. My hope is that Shotgun Stories gives an honest portrayal of normal, hard working people responding to the pain and heartbreak they find, and at times create, in their own lives.

We chose to shoot this film in 35mm in the anamorphic 2:35 aspect ratio. When I was fifteen I was fortunate enough to see a re-released print of Lawrence of Arabia in the theater. I'll never forget how the landscape helped define that story and the affect that had on me. I've wanted to tell stories in scope ever since. Southeast Arkansas, where our film was shot and where I grew up, is a place filled with breathtaking landscapes of cotton fields and farmland. I wanted audiences to see this place the same way I see it, in scope. Also, this landscape defines our characters. We find these people living in a slow burn South where most everyone sweats for their living. The towns and the people have, for the most part, been left to their own devices. This makes for characters that keep their thoughts and emotions close to their chests. They aren't always comfortable expressing themselves. Their words don't always tell the entire story.

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