miércoles, 28 de mayo de 2008

"Lamacracia" y genocidio cultural tibetano



(Practicantes del budismo que incluye la deidad Doryhe Shugden protestando contra la hipocresía del Dalai Lama en Londres. Fuente: La Vanguardia Digital)

Realmente existe una gran desinformación general acerca de lo que está ocurriendo en el Tíbet y con la población tibetana exiliada en estos momentos. El Dalai Lama denunció el pasado 22 de mayo en el Parlamento británico el "genocidio cultural" chino en el Tíbet y expresó su preocupación por la llegada continua de colonos chinos, que amenazan con reducir a la población tibetana a una "minoría insignificante". Puede que esto, al igual que las torturas y discriminaciones sufridas por los ciudadanos tibetanos desde la invasión china del Tibet sean una triste realidad, pero no es la totalidad del cuadro. La oposición de este líder político y religioso tibetano al régimen chino, sin duda una de las más ominosas dictaduras de hoy día, tampoco convierten al Dalai Lama en un líder demócrata respetuoso con los derechos humanos de su propio pueblo. Hasta su toma del poder del gobierno en el exilio, el Dalai Lama era sólo el lider espiritual de una de las ramas del budismo tibetano (lamaísmo). Si bien era la rama más importante del budismo tibetano antes de la invasión, debido la importancia desinformada que se le está dando el Occidente, se le presenta como el lider de todos los budistas, afirmación que no es para nada cierta. El lamaísmo es la única rama del budismo que está involucrado en política, contradiciendo la doctrina más básica del budismo. Se puede decir que para el resto de budistas, que son mayoría comparando con el lamaísmo, el Dalai Lama dista mucho de ser un budista real, ante su evidente aferramiento a su cargo, a su autoritarismo político no sometido a refrendo democrático y a su burda intolerancia religiosa de puertas adentro. Según la Western Shugden Society (http://www.westernshugdensociety.org), una organización pacífica que reúne a los budistas que creen en la deidad protectora Dorje Shugden, el Dalai Lama renunció a ella en los años setenta del siglo pasado. Desde entonces, dicho líder político-religioso ha promovido una línea espiritual caracterizada por la discriminación de los budistas que creen en dicha deidad, llegando a mandar crear documentos de identidad personal en los que los budistas juran renunciar a su creencia en Shugden. Los que no lo hacen tienen dificultades para acceder a un trabajo, a una escuela, a los pasaportes para salir del país y el acceso a monasterios tibetanos en el exilio, por lo que el número de personas que rinden culto a esta deidad ha descendido drásticamente. Numerosos monjes tibetanos han sido forzados violentamente a abandonar sus monasterios en el norte de la India y sus imágenes de dicha deidad, escrituras y templos, de gran valor espiritual para estos creyentes y artístistico-cultural para toda la humanidad, han sido destruidos en una caza de brujas oscurantista y medieval contra esta población doblemente indefensa. Lejos de la imagen de defensor de los derechos y libertades humanas que se ha creado en Occidente, el Dalai Lama es un teócrata autoritario, sin legitimidad democrática y que limita la libre elección espiritual de su pueblo. Por tanto los verdaderos defensores de los derechos humanos deberían denunciar tanto el genocidio cultural chino contra los tibetanos en el Tíbet como la hipocresía de la "lamacracia" del Dalai Lama que niega la libertad religiosa de su gente en el exilio.



Dorje (o Doryhe) Shugden es una deidad protectora del Dharma, de las enseñanzas budistas. Un Protector del Dharma es un Buda que aparece bajo un aspecto protector y cuya función principal es eliminar los obstáculos internos y externos que impiden a los practicantes alcanzar realizaciones espirituales, y reunir las condiciones necesarias para su desarrollo espiritual.

El Protector del Dharma Doryhe Shugden se considera una emanación de Manyhushri, el Buda de la Sabiduría, que siempre ayuda, guía y protege a los practicantes sinceros, concediéndoles bendiciones, aumentando su sabiduría y cumpliendo todos sus deseos virtuosos.

Por tanto, lejos de ser un demonio tal y como señalan algunas ramas budistas opuestas a la práctica de Shugden, es una deidad protectora, y sus seguidores, gente pacífica. Y aunque fuera un demonio, que evidentemente no lo parece, en una sociedad abierta, en un estado garantista, democrático y laico todo el mundo debería tener el derecho a adorar, o no, mientras que no moleste a nadie, a quien le dé la gana. Basta de teocracias, de imposiciones ridículas y satrapías orientales.

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