miércoles, 30 de marzo de 2011

De vueltas con la prohibición de la prostitución

Si no es por la polémica de los anuncios en prensa, lo es por campañas como esta del Ayuntamiento de León, pero el prohibicionismo sigue marcando la agenda política común de socialistas y conservadores en lo que respecta a la prostitución.

    Frente a las aparentes buenas intenciones de acabar con la explotación de las mujeres sometidas por las mafias, esta medida es doblemente contraproducente. Primero y primordialmente porque estas mujeres que se verán obligadas a bajar las tarifas para suplir la falta de clientes que ha espantado la campaña. Esto las coloca en una situación mucho más vulnerable aún. Todo intervencionismo público es contraproducente para los intereses de las partes. El acto de pagar por sexo no repercute directamente en las "desigualdades de género" [sic, ¿de sexo?] si esta es un actividad libremente consentida. La prohibición sólo precariza aún más a las mujeres que se dedican a esta actividad en la calle y que no saben, no pueden o no quieren ganarse la vida de otro modo.

  Por otro lado, esta medida sólo está enfocada a gastar el dinero del presupuesto municipal dedicado al Plan de Igualdad de Oportunidades entre mujeres y hombres del Ayuntamiento de León. La lógica perversa de las administraciones públicas es contraria a la contención del gasto o la mínima gestión con sentido económico. Porque si el gasto baja en alguna partida, en los siguientes presupuestos se le detraen recursos, con lo que se obliga a gastar todo el presupuesto e incluso caer en presupuestos deficitarios.

Foto del cartel de León: "No pagues por sexo. Los seres humanos no son mercancía". Se ve que el moralismo (religioso o feminista, lo mismo da) ve con malos ojos sólo los servicios que tienen algún contacto o relación con el aparto genital del proveedor o del demandante del servicio. Una vez más se comprueba que el cuerpo de un obrero en una zanja bajo los elementos, el de una masajista terapeuta, o el de una cuidadora que limpia excrementos de enfermos y ancianos, sí son mercancías validas para esta moralidad hipócrita que no respeta el derecho de propiedad individual sobre el cuerpo, el derecho más elemental con el que todo ser humano llega a la vida.
 
  La prostitución es una actividad empresarial desarrollada en un limbo legal en España que sólo perjudica la seguridad y la salud de las partes implicadas, así como la economía y seguridad de todos al estar exenta de fiscalización pública y ser una via de lucro de peligrosas mafias. Por eso de nuevo quisiera reiterar mi apoyo a las posturas (1, 2, 3, y 4) expresadas hasta la fecha por el Partido de la Libertad Individual al respecto. Los liberales, lejos de "lavarnos las manos", nos implicamos en esta cuestión pidiendo que se dé libertad a esta actividad lucrativa en beneficio de todos y muy especialmente de la parte más perjudicada de esta situación, las personas que se prostituyen.

    La prohibición basada en el moralismo colectivista, ya sea religioso o feminista-socialistano soluciona el problema de abusos de todo tipo que puedan darse en este servicio, que seguirá existiendo mientras haya oferta y demanda; es decir, siempre, mientras los seres humanos seamos como somos. La historia de la humanidad basta para demostrar que las políticas prohibicionistas no han erradicado jamás la prostitución de la faz de la Tierra. Sólo una política de legalización, libre ordenación y transparencia podrá acabar, mediante el libre mercado, con esta situación ridícula e injusta que sólo beneficia a los delincuentes que controlan las mafias y a los administradores o administradoras de una moralidad caduca.

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