miércoles, 23 de abril de 2008

Stalags: porno y campos de concentración nazis en Israel


Para celebrar el sesenta aniversario de la creación del Estado de Israel aquí os dejo la introducción de un documental interesantísimo sobre el género literario pornográfico de los Stalags, novelas de consumo baratas que tuvieron muchísimo éxito en Israel durante los años sesenta, en especial durante el juicio de Eichmann, el nazi cazado por los servicios secretos israelitas. El argumento de estas novelas consistía generalmente de una descripción morbosa y fantasiosa de torturas realizadas en un campo de concentración nazi a oficiales británicos o americanos. Esto no sería tan raro si tenemos en cuenta que son mujeres alemanas, nazis, las que efectuaban las torturas de índole sádico-sexual. Generalmente el argumento se resolvía con la liberación o escape de dicho oficial u oficiales y la venganza de la humillación mediante la devolución de la violación a la oficial aria, cruel y super-sexy con su esvástica y sus botas altas de cuero. Cuesta creerlo pero esto es un hecho histórico.


El documental explora las motivaciones psico-sociológicas subyacentes a este fenómeno.
Obviamente se encuentra el hecho del trauma de los supervivientes de la Shoah y cómo lo vivieron los hijos de estos supervivientes, adolescentes en los años sesenta en Israel. De fondo se encuentra los complejos culpa interiorizados por las víctimas: la principal es la idea generalizada de que sólo los más fuertes, amorales, bellos, viles y colaborativos con el enemigo consiguieron sobrevivir al infierno concentracionario. El segundo es que muchas de las mujeres supervivientes, en especial las más jóvenes y fértiles, las madres de los adolescentes de los años sesenta de Israel, habían sufrido abusos sexuales a cambio de mantener la vida o algún tipo de ventaja -abrigo, comida, "mejores" trabajos o condiciones de habitabilidad o higiene-. Esto era un tabú del que no se hablaba en las familias y con el que crecieron los hijos del Holocausto en el ortodoxo Israel de los sesenta: sexo y violencia pertenecían al mismo campo cultural de los recuerdos reprimidos, ocultos y por tanto, en plena ebullición hormonal, fácilmente confundibles.
Al horror original se unía el espanto que producía semejante subproducto cultural.


Sin embargo, aunque los Stalags se prohibieron, se persiguieron y se intentó acabar con ellos, su huella permanece en la literatura oficial del Holocausto. La novela Casa de muñecas del escritor K.Tzernik, traducida a varios idiomas, incluído el español (Ediciones la llave, 2000), relata en clave de novela pornográfica las vivencias de una serie de mujeres judías forzadas a prostituirse para los oficiales alemanes en Auschwitz-Birkenau. Sin negar la realidad de los abusos sexuales del fascismo a los y las prisioneras, sin embargo, hay que señalar, como hace este documental, el legado perverso que deja este texto, que siendo esencialmente una ficción, se sigue leyendo como un testimonio real en todos los institutos de secundaria de Israel y como parte del canon de la literatura de la Shoah. No diferenciar entre literatura de ficción -pornográfica además- y literatura testimonial genera lecturas perversas -en un doble sentido, distorsionado e inmoral-.

Como en este caso, esta novela hay que entenderlo perteneciente al mismo fenómeno socio-cultural de los Stalags. Siendo horrible la violación y todo tipo de tortura sexual, que existieron, por supuesto, en los campos, equiparar esta novela morbosa con el resto del horror -la muerte industrializada, las cámaras de gas, las condiciones de todo el campo, puede llegar a suponer una cierta frivolidad relativa y una simplificación intolerable. Esta ficción pornográfica es una proyección de los deseos, miedos y traumas asociados a las relaciones de poder entre naciones, clases, géneros y orientaciones sexuales. Conocer esta serie de traumas y complejos colectivos da una clave de interpretación de la política de Israel con respecto a los palestinos en los guettos de Gaza y Cisjordania. La lógica sado-masoquista se encuentra en la distancia y los años que separan la Varsovia ocupada por los alemanes y la Palestina ocupada por los hebreos, el victimismo árabe frente al victimismo judío, frente a frente, en un bucle de abismos. Experiencia y fantasmas proyectados en la ficción de un Estado parcialmente creado como compensación sionista al Holocausto. Un horror justificando otro, en una espiral de deseo y violencia, de victimismo pasivo-agresivo.

Si la academia o el Estado de Israel cae en esta trampa de la ficción, no cabe extrañeza en que ocurran cosas parecidas entre gentes de moral más laxa o complejos parecidos. En esta época en la que el porno se convierte en cultura pop, se corre el riesgo de volver a deslizarse de nuevo por la pendiente de la banalización de la representación del mal. Sin ir más lejos, la banda de post-punk Joy Division tomó el nombre del grupo del nombre del barracón de prisioneras de la novela de K.Tzernik y existe todo un subgénero pornográfico sado-masoquista relacionado con los nazis -en comics, literatura, cine- con el marbete de Nazi Exploitation. Para aquellos que quieran saber más, la referencia más documentada es Withechapel, Simon, Kamp Kulture: A History of Nazi Exploitation, Creation Books, 2003.



Aquí os dejo un par de clips de la película y una entrevista con el director de la película, así como la página web oficial del documental:

http://www.stalags.com/

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